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El azar

Se movía ligero mientras pensaba: soy perfecto, mi forma y mi progresión me harán llegar a mi objetivo.  A su lado otros, impacientes, esperaban la misma suerte. Los condujeron a un receptáculo de paredes metálicas y bien ventilado, luego los trasladaron a una habitación de cristal. Entonces apareció “ella” que aspiró con fuerza a su vecino, más gordito, menos elegante, pero también muy vigoroso, al que llevarían directamente al óvulo. Sintió que su meiosis no había tenido sentido.

Pilar Madero Barrajón