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¿Condenados a sudar por siempre?

Un día caluroso de verano llegó un hombre a casa terriblemente sudado, se dirigió a la cocina, sacó su helado de la nevera y lo dejó afuera mientras iba a su habitación a rociarse antitranspirante en aerosol. Cuando regresó, encontró su postre derretido. Furioso y aún sudando, encendió el aire acondicionado para descubrir la ironía del calentamiento global: "entre más usamos la nevera, aire acondicionado y antitranspirante para no sudar, más provocamos el calentamiento global y más sudamos".

César Eduardo Gutiérrez Quevedo