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Microrrelatos

Valentina Tereshkova

En casa todos se preparaban para lo peor, pero yo me concentraba en recordar a mi abuela gracias a las cosas buenas que compartimos juntas. Gracias a sus libros y cómics yo era capaz de soñar, volar incluso. Con ella a mi lado me creía capaz lograr todo lo que quisiera.

Todavía hoy recuerdo claramente lo que me dijo antes de morir: -Valentina, no necesitas alas para volar.
Este recuerdo resuena en mi cabeza con más fuerza que el estruendo del cohete que me lleva al espacio. Soy la primera mujer astronauta de la historia.