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Cirujano de vacaciones

El bisturí tembló unos segundos en sus manos tras finalizar la intervención quirúrgica: una sombra de duda, fugaz como un antiguo remordimiento. Luego guardó cuidadosamente su preciado instrumental en una funda hermética de plástico. Ni siquiera se volvió a mirar el cuerpo mutilado sobre la arena. Y nadó, exultante y ebrio de adrenalina hasta la siguiente playa. El mar limpió cualquier rastro de sangre. Durante la siesta, en la dulce sombra del porche, comenzó a planear el siguiente baño.
Nuria Bermejo Vega