Fundación Aquae > Capicúa

Capicúa

El tiempo gotea imperceptible su medida categórica. Ha sido ácido asido a nuestra epidermis; caudaloso río que nos irremediablemente arrastra. Creemos que le hemos inventado. A contrario, con nuestro nacimiento y muerte, se mide a sí mismo. Cae en su trampa, catoblepas, al devorarnos se devora. Somos sus creadores, sus víctimas y sus asesinos. Tiempo: único ser, única cosa que tiene a la vez dos pensamientos contradictorios y apuesta por ambos. Tiempo: capicúa.

Repentinamente, falló el módulo temporal.
Cuando el teseracto se detuvo, tembloroso, abrió la escotilla para salir al exterior; un escalofrío le paralizó al instante. Rápidamente, volvió al teseracto, comprobó las coordenadas y, al ver que eran correctas, volvió a salir aún más aterrorizado; debería estar en el laboratorio del instituto de astrofísica, sin embargo, se encontraba en mitad de una vasta y prodigiosa extensión de hielo que envolvía todo el horizonte.
Volvió a entrar, miró el indicador temporal: 35700 años, y, sin saber si había avanzado o retrocedido en el tiempo, cayó de rodillas derrotado.