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¿Campo o ciudad?

Lo he visto madurar desde la cocina, mientras preparaba el almuerzo. Allí estaba él, reluciente y verde, engordando a ojos vista. Y hoy ya tiene ese color rojo intenso que recuerdo del pueblo y ese olor agreste que me trae a la memoria a mis abuelos. Lo acaricio lentamente, con agrado, mientras veo a lo lejos las montañas azules de la sierra madrileña. Es mi primer tomate, cultivado en un viejo arcón de madera en el balcón de mi casa. Con él nos comeremos a toda una estirpe.

Jesús Jiménez Reinaldo