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¿Qué nos traerá el 4.0?

Si a alguna cosa nos ha acostumbrado el mundo de internet, web y tecnologías afines, es a que su propia retórica se va redefiniendo. El discurso de internet, como el de un programa informático, tiene sus versiones. ¿Qué nos va a traer todo esto? Veamos.

Ha llovido desde que en 2004, Tim O’Reilly  bautizara la web 2.0. Proclamó entonces que las tecnologías sociales generarían una web más colaborativa a través de sus propios usuarios. Vía blogs, redes, tuiteos y demás, la red iba a convertirse en un gran repositorio de contenido creado por ellos mismos, se generarían procesos de inteligencia colectiva, y, de paso, se sacudirían algunos monopolios, a través de la creación de nuevas plataformas. Todo ello a partir de un nuevo tipo de software que habitaría la red, el 2.0. Vale la pena revisar el artículo de O’Reilly y seguir la evolución de los medios tradicionales, la distribución de mercancías, y las diversas sacudidas que han sufrido diversos sectores a la luz de sus previsiones.

3.0…

Mientras todo esto se cocía, se anunció la era de la web 3.0, donde se buscaba añadir una capa de inteligencia semántica a toda la red. En otras palabras, crear tecnologías que permitieran al software orientarse, buscar e interrelacionar contenidos más allá de la información superficial de los textos u otros medios que pueblan la red. Si el 2.0 proponía poblar la web de plataformas disruptivas basadas en la interrelación, “lo 3.0” quería convertirla en una base de datos, más inteligente. En efecto, el software carece de conocimientos generales de sentido común sobre el mundo. Por tanto, hay cosas que nosotros podemos deducir a partir de piezas de información sueltas y el software no.  Si alguien conoce mínimamente nuestro sistema universitario puede deducir que si una persona  aloja su página de web profesional dentro del website de una universidad española y se anuncia como “profesor titular”, sabrá que este profesor goza de un contrato de por vida. Pero un software de búsqueda en internet no puede hacer esta deducción. La web 3.0 buscaba crear los repositorios de conocimientos generales y otras tecnologías que permitieran deducir ese tipo de cosas. Hay mucho más en la web 3.0 pero quizá esta sería una caracterización suficiente de su diferencia con la 1.0 y la 2.0.

Y ahora…

Cuando aún estábamos digiriendo todo esto, va y aparece el 4.0. Y “lo 4.0” tiene varias versiones. Así, en USA tienden a identificarlo con la Internet de las Cosas. Esto es, una internet donde ya no sólo conectamos personas entre sí y con sus contenidos durante 24 horas al día sino que los dispositivos automáticos (desde sensores urbanos a nuestros teléfonos móviles) pueden hablar entre sí continuamente y, quizá, usar alguna tecnología semántica e inteligente para realizar multitud de tareas, desde controlar la temperatura de la casa hasta la iluminación de una ciudad o la gestión de sus residuos. La visión de un mundo cubierto de miles de millones de sensores y actuadores que gestionan miles de procesos complejos, sería el trazo definitorio de esta aproximación.

La otra “idea 4.0” identifica varios cambios tecnológicos con la Industria 4.0. El escenario que se dibuja es el de la digitalización total de la industria, con usuarios que piden un producto y, al hacerlo, lanzan su producción y distribución a través de cadenas logísticas que se reconfiguran en tiempo real. Apunta todo esto no sólo al proceso de digitalización de los procesos industriales guiados por una personalización extrema sino a la disrupción (otro palabro que no puede faltar en ningún discurso “puntoalgo”) de todos los sistemas y sectores económicos correspondientes. El 4.0 viene, más que por la creación de tecnologías muy novedosas, por su unión. Como resultado, se dice, la industria sufrirá (o disfrutará, según quien hable) una cuarta transformación, perdón “disrupción” histórica.

Entre las tecnologías que han de confluir para que este horizonte 4.0 llegue a ser real, hay que contar la propia web semántica, la de la internet de las cosas, la robótica, el Big Data, la Inteligencia Artificial y los sistemas de producción por impresión 3D. Un cóctel de mucho cuidado.

Ante todo esto, uno vuelve a oír ecos épicos de aquella retórica que usábamos tiempo ha para hacernos una idea de lo que se venía encima con internet. ¿Recordáis aquellos miles y miles de textos donde se decía más o menos “las revoluciones anteriores han sido las de la automatización de la fuerza física y de lo material, mientras que la revolución microelectrónica/de internet/ de la web (táchese lo que no proceda) lo son de las capacidades informacionales y cognitivas”?.  Pues la canción tiene una nueva versión, parece.

Como en ocasiones anteriores, surgen entusiastas y agoreros. ¿Qué quiere decir que robotizamos toda la producción? ¿Quién se queda fuera del sistema productivo? ¿Quién seguirá dentro? ¿Qué pautas sociales van a romperse? ¿Qué resistencias habrás? ¿Por qué se presenta como inevitable?

Si el “24 horas, 7 días a la semana” de los usuarios/productores 2.0 nos ha traído pautas de trabajo nómada, intermitente, precario, al mismo tiempo ha creado nuevos puestos de trabajo súper bien remunerados y multitud de trabajos muy mal pagados, breves, con ritmos de vida sin descanso o sin trabajo, lo que se ha llamado la “economía de los bolos” o la “gig economy” o también la “economía de Task Rabbit” en referencia a la plataforma de distribución de microtrabajos… ¿Qué nos va a traer todo esto?

Hay quien, tomándoselo con calma, propone la vuelta a la web 0.0, como este pueblecito italiano

Da que pensar.

 

 

Sobre el autor

Ramon Sangüesa
Ramon Sangüesa, UPC y equipocafeína.

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