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Bosques de coral y luz

¿Cuántas veces hemos admirado un arrecife de coral? Son preciosos, con peces, cangrejos, estrellas de mar…y todos esas estructuras raras en forma de cerebro, de árbol, de cuervo de alce…

¿Cómo en un lugar tan pobre, donde el agua es tan y tan transparente han podido proliferar uno de los ecosistemas más biodiversos del planeta? Si sus estructuras básicas son los pólipos, pequeñas “bocas” por las que le entra el alimento a la colonia ¿de qué comen si en esos entornos no hay casi nada para echarse a la boca?

 

El secreto está en la luz.

El secreto es la simbiosis. Los corales no viven solos. En su interior tiene unas algas microsópicas llamados dinoflagelados que conviven en el “tejido” del coral. ¿Qué ventaja tiene esta simbiosis? Bueno, el coral le da, entre otras cosas, protección y nutrientes en forma de amonio y otras moléculas al alga. Ésta, a su vez, fotosintetiza. El oxígeno y parte de las moléculas fruto de este milagro físico-químico van a parar al huésped, al animal. Hasta un 95% del alimento que necesita el coral lo producen sus pequeñas colaboradoras fotosintéticas en su interior, por lo que estos animales tan espectaculares, capaces de crear increíbles estructuras que perduran (la parte de carbonato de calcio) decenas y hasta cientos de millones de años, no necesitan capturar con sus tentáculos mucho alimento del exterior. El agua circundante, pobre o muy pobre, es transparente y eso les va de fábula. Más transparencia, más luz, mejor para estas auténticas máquinas “fotosintéticas”.

Vale, hasta aquí todo bien, creo que muchos ya sabíamos esto.

Pero hay más. Hay otro motivo por el que esas algas “usan” al coral para su comodidad. La luz, entra en el coral, traspasa el tejido y…rebota en la estructura de “piedra”. Sí, sí, los corales tienen una parte de piedra, formada por carbonato de calcio, que aumenta (al ser blanca o muy clara) el rebote de la luz en su interior.

Así, las pequeñas células de Symbiodinium (las algas microscópicas que viven en su interior) reciben luz no sólo de forma vertical sino desde todos los ángulos posibles. Claro, tenéis que pensar que las células tienen en su interior unos orgánulos llamados cloroplastos (vaya nombrecito…) que se distribuyen como una corona. Si es redonda la forma de este microbio vegetal, la luz, al rebotar en la pantalla formada por el coral, le llegará por todas partes y no solo desde arriba. A esto se le llama “light scattering” o dispersión de la luz, y es una muestra más de cómo la evolución hace maravillas optimizando procesos durante millones y millones de años. ¡Pero hay más! Al igual que en los bosques terrestres, donde los árboles promueven la dispersión de la luz entre las hojas ¡Los corales hacen lo mismo!

 

Otros organismos como gorgonias y esponjas con simbiontes (o sea con algas capaces de fotosintetizar) tiene también estas propiedades, pero se sabe menos de cómo funcionan. Los corales “pétreos” son los reyes del “scattering”. Por eso son capaces de aprovechar la luz y los recursos de mares tropicales y convertirlos en…piedra.

La luz, por tanto, da forma a la vida, una vez más. La morfología de los corales delata, entre otras cosas, el aprovechamiento de esa luz. Y su presencia o no en un tipo de arrecife u otro. Es fascinante ver cómo la evolución esculpe con gran paciencia las opciones de la vida. Aunque, recordad, que lo que tiene éxito en unas condiciones puede perderlo en otras. Los arrecifes han aparecido y desaparecido del planeta, debido a diversos factores, porque la Tierra está en perpetuo estado de transición… 

 

Sobre el autor

Sergio Rossi
Científico, publica libros para niños, ecothrillers, ensayos críticos y numerosos artículos científicos en revistas especializadas y de divulgación en diarios y revistas como El País, Público, Quercus, Muy Interesante y Jot Down.

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