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Quitando hierro a Marte

06/10/2014 - Blog - Irene Lapuente
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¿Quién no ha soñado alguna vez con irse a vivir a Marte? Y es que como canta el grupo de música Pastora: “… en Marte todo va tan bien…”.


En estos tiempos que vivimos es relativamente fácil imaginar que en cualquier otro lugar del Sistema Solar las cosas serían más cómodas y que la falta de agua líquida o el exceso de hierro oxidado parezcan naderías. No sé qué pensarán las arqueobacterías de Río Tinto o las algas de Mono Lake acostumbradas a vivir en entornos con altos contenidos metálicos y a sintetizar los sulfuros y sulfatos.

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Para aquellos que no conocen Río Tinto o Mono Lake, diremos que son parajes increíbles, difíciles de describir con palabras, más allá de posibles onomatopeyas o suspiros. Cuando yo los visité, en el 2011 y en el 2010, no pude hacer otra cosa que callar, escuchar, sonreír y sentir, sentir la maravilla de esas aguas y conectarme con la vida. Son lugares mágicos, distintos y a la vez, hermanos.



Río Tinto es un clamor a los colores vivos, al ocre, al rojo e incluso al violeta. Mono Lake es pura calma, la vista descansa entre sus azules, rosas y amarillos pastel. Río Tinto es  un medio ácido, con un pH entre 1,7 y 2,5. Mono Lake es básico (o alcalino), con un pH de valor 10. Río Tinto se encuentra en este lado del océano, en Huelva. Para llegar a Mono Lake debemos cruzar el Atlántico y aventurarnos hasta la costa oeste estadounidense… Pero a pesar de todas estas diferencias, ambos paisajes comparten algunos misterios: su explotación más excesiva por parte de la raza humana y la supervivencia de la vida en condiciones extremas.

RíoTinto, Luxia en la antigüedad, es un río rico en sulfuros que nace en la sierra de Padre Caro, en Andalucía. Entre 1873 y 1954 la empresa Río Tinto Company Limited extraía oro, plata, cobre, hierro y magnesio de la zona minera próxima al río. Esta fue la etapa de máxima explotación minera, de un lugar que ya se sabía rico en minerales en la época romana. El río fue incorporando cada vez más metales pesados y sus aguas se fueron tiñendo de rojo y de ocre, cual paisaje marciano lleno de hierro oxidado. A pesar de que todo este proceso y sus particularidades geológicas convertían Río Tinto en un lugar inhóspito, la vida no se amedrentó, y en él viven microorganismos acidófilos que oxigenan el agua y oxidan el hierro. Hongos, algas y bacterias hacen de Río Tinto su hogar.

Mono Lake también tiene inquilinos muy diversos: algas, artemias y moscas alcalinas que viven en sus aguas. Gaviotas que anidan en sus rocas dalinianas y que vuelan en su cielo. La historia de Mono Lake es muy distinta a la de Río Tinto. En su caso, no fueron los metales los que lo llevaron al abismo. Fue la sed de Los Ángeles, en California. En 1941, el Departamento de Agua y Energía de Los Ángeles necesitaba dar respuesta a la creciente demanda de agua de los habitantes de esa región, así que empezaron a drenar el lago y a transportar el agua hacia el sur. Se la llevaban a 600km del lago. La salinidad de Mono Lake se duplicó en un período de tiempo muy corto, lo cual hizo colapsar su ecosistema. Este lago lleno de carbonatos y sulfatos, es mucho más salado que cualquiera de los mares de nuestro planeta.

Investigadores de la NASA se han interesado por estos dos rincones del mundo y los han escogido como hábitat a estudiar por su similitud con el ambiente del planeta Marte. De hecho, un experimento llevado a cabo por la NASA, en colaboración con el Consejo Superior de Investigaciones Científicas, desarrollado en Río Tinto, confirmaba la posibilidad de que determinados tipos de organismos que existen en dicho río podrían sobrevivir bajo las restrictivas condiciones del planeta Marte. Así, que en los días que nuestro planeta nos parezca un poco gris y el azul del cielo y del mar nos sean insuficientes, podremos seguir soñando con un planeta rojo, un planeta oxidado, al que tal vez microorganismos andaluces o californianos ya están adaptados.

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Sobre el autor

Fundadora y directora de la Mandarina de Newton, una empresa comprometida con la cultura científico-tecnológica. Es Física de formación, cuenta con varios postgrados en comunicación y pedagogía y titulación en danza clásica. Por eso sus áreas de expertise son: el método científico, el design thinking y los procesos creativos.

 

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