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Los grandes hielos del planeta en peligro

21/05/2019 - Blog - Sebastián Álvaro
Sebastián Álvaro, creador y director de "Al filo de lo imposible", comparte con nosotros, en el Día de la Biodiversidad, su experiencia en los glaciares, y nos recuerda lo esencial de conversar y de cuidar la Tierra y a todas sus especies, en un momento en el que la mano del ser humano se ha convertido en el azote de la biodiversidad.
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Es una evidencia que las consecuencias del cambio climático pueden ser tan importantes que afectarán a aspectos esenciales de nuestra sociedad. Desde hace años informes científicos alertan de que los gases invernadero han alcanzado niveles no vistos en millones de años. Al tiempo se relacionan estos niveles con fenómenos meteorológicos extremos y la constatación de que las grandes zonas heladas de la Tierra -de Groenlandia a la Antártida, pasando por los Andes y el Himalaya- se están derritiendo más rápido de lo previsto. Estas zonas heladas no sólo guardan las más importantes reservas de agua dulce. El agua de las montañas es necesaria  para más de tres mil millones de personas. Pero además esos paisajes helados son otra de las grandes obras de la Naturaleza que estamos perdiendo irremediablemente. Necesitamos esos últimos rincones dónde se recluye la grandiosidad del planeta que habitamos.



A esos paisajes, que me he dedicado a recorrer desde que era un niño, les he entregado buena parte de mí vida. Son paisajes amados y venerados que, muchas veces, dieron sentido a mi vida. Y a la de todos quienes aman la naturaleza, particularmente la de las altas montañas y la de los extremos de nuestro planeta. Amar la Naturaleza es admirar los paisajes mayores y sin profanar, sin domesticar, sin urbanizar. Conservarlos es un grado de civilización de nuestra sociedad; un avance nacido en Europa, producto de la Ilustración y el Romanticismo, de aquellos aventureros, científicos y exploradores que nos legaron el mundo tal y como hoy lo conocemos. Conservarlos es una exigencia moral y ética, una necesidad física y espiritual.



Luchar por preservar la vida en la Tierra y su biodiversidad no sólo supone una tarea necesaria, sino el aspecto más noble de la Humanidad. La Tierra no nos pertenece pues -en contra de una visión antropocéntrica alimentada desde la antigüedad- somos nosotros quienes le pertenecemos a ella. Durante siglos vimos el planeta que nos acoge como un territorio en propiedad que debía ser explotado, no como un paisaje del que dependemos. Pero todavía somos demasiado codiciosos y torpes para tomar decisiones inteligentes; a pesar del avance que supone las figuras de protección de las Reservas y los Parques Nacionales, la Gran Naturaleza prácticamente ha sido domesticada o aniquilada. Al tiempo estamos modificando el clima y la atmósfera de la cual dependemos, que cada vez son menos favorables para nosotros y para muchas de esas especies de las que depende también nuestra vida. Como seres vivos estamos sujetos a la interdependencia de las especies. Unas nos apoyamos en otras, nuestra vida depende de que todo este equilibrio biológico se mantenga. Cada ecosistema es una red de organismos entrelazados en un delicado equilibrio, muchos de ellos siquiera conocemos y por tanto somos incapaces de predecir las consecuencias de su desaparición. La eliminación de la biodiversidad se ha producido progresivamente a la propagación de los seres humanos. Nos hemos convertido en la especie más destructiva de la historia.



No hay otros paisajes que simbolicen esta lucha por la conservación que los grandes Hielos de la Tierra. Las esencias de los paisajes glaciares son las de las regiones desoladas o perdidas, las de las altas montañas o las llanuras polares o los remotos y deshabitados domos helados de islas remotas y absolutamente solitarias. Sus rasgos son la belleza del mundo, el silencio del mundo, la soledad del mundo. Es difícil no sentirse conmovidos ante su presencia, no sentirse como en el interior de un delicado templo de cristal, que hay que admirar y dónde hay que entrar con respeto. Por ello admirar los glaciares es admirar la Tierra de antes y después del hombre. El mundo salvaje, bello y desolado. Que nos muestran nuestra verdadera estatura en la Tierra. Un planeta que ha tardado 4600 millones de años en hacerse tal y cómo lo contemplamos ahora.



Estas palabras quieren ser una llamada para crear una hermandad de todos los soñadores de las montañas, los peregrinos de la Libertad que allí encontramos; a todos los que amamos la gran Naturaleza y la fascinación compartida por estos paisajes dónde reside la belleza del mundo. Los necesitamos tanto como el aire que respiramos.  A ellos he dedicado buena parte de mi vida y ahora forman de mi paisaje interior. Ahora, echando la vista atrás, me doy cuenta de que ellos han modelado, en buena medida, la esencia de lo que soy. Nunca quise conquistarlos, fueron ellos los que me han conquistado.

 

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Sobre el autor

Sebastián Álvaro, periodista, comenzó a trabajar en TVE y desde 1981 se dedicó a crear y dirigir un nuevo formato de documentales de aventura con el nombre de “Al filo de lo Imposible” que se consolidaría como uno de los programas de mayor prestigio de la televisión de todos los tiempos. Ha organizado y dirigido más de 200 expediciones del máximo nivel, en las que participaron más de 1500 especialistas, realizando al mismo tiempo más de 300 documentales; es, por tanto, uno de los españoles que más viajes y exploraciones ha realizado, habiendo viajado a los seis continentes y los lugares más desconocidos, agrestes, inaccesibles y salvajes de la Tierra. Todas esas experiencias las ha narrado y dado a conocer a través de documentales, fotografías, libros, conferencias y artículos en medios como Onda Cero, Marca, el País, el Mundo, El Semanal, La Razón, la SER y RNE. Por su trabajo ha sido condecorado con tres medallas al mérito militar, la Cruz de Plata de la Guardia Civil y el Premio Nacional del Deporte. Es autor de 18 libros, conferenciante y articulista.

 

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