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¡Lloremos a gusto!

09/02/2015 - Blog - Irene Lapuente
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Agua, mucina, lípidos, lisozima, lactoferrina, lipocalina, lacritina, inmunoglobulinas, glucosa, urea, sodio y potasio. Una docena de ingredientes para hacer una lágrima. Tanto en tan poco y tan poco para tanto, porque las lágrimas nos acompañan a lo largo de toda nuestra vida, ayudándonos física y emocionalmente a ver, sentir y ser lo que somos y cómo somos.


Cuando lloramos, las lágrimas tienen un gusto saladito, así que yo siempre había creído que eran tan solo agua y sal. Y sí, contienen agua y contienen sodio, la sal común es cloruro sódico, así que seguramente por eso, nuestras lágrimas nos saben a mar… pero también deberían sabernos dulces, ya que igualmente incluyen una pequeña dosis de azúcar y además son muy beneficiosas para nuestra salud. Y es que las lágrimas son necesarias como lo es la sal, aunque estas puedan ser amargas, dulces, agrias o umami… Eso ya depende del contexto y el momento.



Foto original: http://photofusionvirtual.blogspot.com.es/2013/02/gotas-de-agua- wallapers.html

No solemos dar mucha importancia a las lágrimas, es más, cuando estas resbalan por nuestras mejillas tenemos tendencia a avergonzarnos y a secarlas rápidamente. Es incluso peor para los chicos, en muchas culturas llorar se considera indigno especialmente si ya no eres un niño o no eres una mujer. ¿Por qué? Lo desconozco. Pero aunque no tenga respuesta a esa pregunta, sí que me gustaría contestaros explicando que no todas las lágrimas son iguales. Existen lágrimas de varios tipos: lágrimas reflejas, lágrimas de sollozo, lágrimas basales. ¿Quién no ha llorado pelando una cebolla? ¿Tan triste nos pone trinchar esa hortaliza? Seguramente no, pero el sulfóxido de tiopropanal de esos bulbos irrita nuestros ojos, como también pueden hacerlo gases lacrimógenos o el gas pimienta. Las lágrimas que derramamos encima de la tabla de cortar alimentos son lágrimas reflejas. Lágrimas que intentan lavar los irritantes con los que hemos podido entrar en contacto.

De todos modos, a veces sí que son la fuerte tensión emocional, el enojo, la ira, la decepción, el sufrimiento, el desconsuelo, el luto o el dolor físico, quienes causan que nuestro lagrimal se desinhiba y nos moje la cara. Las lágrimas provocadas por las emociones tienen una química diferente a las de lubricación o limpieza. De hecho, estas nos proporcionan la calma de la leucina encefalina, un analgésico natural, y continen mayores dosis de hormonas prolactina y adrenocorticotropa que las lágrimas basales o reflejo. Pero no nos pongamos tristes, que las lágrimas no sólo denotan congoja, a veces situaciones de extrema felicidad o de risa también pueden llevarnos a la llorera. Tanto en un caso, como en el otro, el llanto es beneficioso para la salud y el bienestar mental.



Una vida en que no cae una lágrima es como uno de esos desiertos en que no cae una gota de agua: sólo engendran serpientes. Emilio Castelar.

Foto original: http://www.fatherebenezer.com/?attachment_id=132

Y es que al final, emocionados o tranquilos, las lágrimas son algo natural. Forman parte del fluir de la vida. La córnea de los ojos de los mamíferos debe estar siempre húmeda y eso es posible gracias a las lágrimas basales. Ellas se encargan de lubricar nuestra mirada. También distribuyen el oxigeno en nuestros ojos, los mantienen limpios de polvo y nos protegen de posibles infecciones bacterianas. Incluso intervienen en el acto de ver, las lágrimas se unen a la cara anterior de la córnea, formando una lente de aproximadamente 48 dioptrías. Así como absorben parte de los rayos ultravioleta que nos llegan de la luz del Sol. De hecho, la escasez de lágrimas puede conllevar enfermedades como la queratoconjuntivitis seca, que afecta tanto a humanos como a otros animales. Así que la próxima vez que lloremos, sea por dicha o por desdicha, alegrémonos de que tenemos agua, mucina, lípidos, lisozima, lactoferrina, lipocalina, lacritina, inmunoglobulinas, glucosa, urea, sodio y potasio para cuidar el reflejo de nuestras almas, nuestros ojos. ¡Lloremos a gusto!

 

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Sobre el autor

Fundadora y directora de la Mandarina de Newton, una empresa comprometida con la cultura científico-tecnológica. Es Física de formación, cuenta con varios postgrados en comunicación y pedagogía y titulación en danza clásica. Por eso sus áreas de expertise son: el método científico, el design thinking y los procesos creativos.

 

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