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Invasión plástica en el Mediterráneo

06/08/2019 - Blog - Eva van den Berg
El mar Mediterráneo es el mar más contaminado por plásticos y microplásticos. Eva van den Berg nos habla en este artículo sobre ello y nos recuerda que no podemos seguir haciendo lo que Jacques Cousteau alertó en su momento: convertir el aire y el agua, nuestros dos fluidos esenciales, en vertederos globales.
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Su invención en 1860 tuvo un objetivo loable: encontrar un material que sustituyera las bolas de billar, hechas entonces de marfil, lo que resultaba fatal para los elefantes: para un juego completo de billar había que matar a unos cuatro ejemplares. El inventor John Hyatt lo logró, produciendo celuloide, el primer material plástico que posibilitaría varios años después la generación de películas fotográficas. Pero el primer plástico realmente resistente fue la baquelita, inventada por Leo Baekeland en 1907, a quien se achaca la inauguración de la era del plástico. Al ver la versatilidad y durabilidad de ese nuevo material, la ciencia y la tecnología se unieron para aprender a producirlo a escala industrial, lo que se consiguió en 1950 sintetizando polímeros a partir de resinas y derivados del petróleo.

A partir de ahí, la invasión medioambiental de un material que encima resulta barato fue escalando posiciones de forma pavorosa. Desde mediados del siglo pasado a la actualidad, según un estudio de 2015 realizado por investigadores tres entidades estadounidenses   —Universidad de California, Universidad de Georgia y  Asociación de Educación Marina (Sea Education Association) —se han producido en el mundo 8.300 millones de toneladas de plástico. Una cantidad descomunal cuyo peso equivaldría al de un millón de torres Eiffel, 25.000 edificios como el del Empire State o mil millones de elefantes. Todo ello en menos de 70 años. Sin embargo, su mayor virtud —resistente, imperecedero, casi indestructible…— se convirtió en su mayor defecto, convirtiéndose en un residuo que causa impactos colosales en todos los ecosistemas, en especial en los marinos.


El Mediterráneo: un claro y triste ejemplo


En nuestro mar se acumulan miles de toneladas de este material, tanto en las playas como en los fondos marinos. «Los grandes trozos de plástico hieren, asfixian y, a menudo, matan a los animales marinos, incluidas las especies protegidas y en peligro de extinción, como las tortugas. Pero son los microplásticos, fragmentos más pequeños y traicioneros, los que alcanzan niveles récord en el Mar Mediterráneo: la concentración de microplásticos es casi cuatro veces mayor que en la “isla de plástico” del océano Pacífico Norte. Al entrar en la cadena alimentaria, estos fragmentos amenazan a un número cada vez mayor de especies animales, así como a la salud humana», reza en el informe de 2018 Una trampa de plástico de WWF. Estudios más recientes no han hecho sino confirmar la gravedad de la situación.  En algunos lugares, como en el estrecho de Messina, el acúmulo es  terrorífico, como documentaron unos investigadores italianos del Consejo Nacional de Investigación de Italia (CNR) y la Universidad de Roma La Sapienza.Utilizando un robot submarino, contabilizaron hasta 200 de fragmentos de basura por metro cuadrado. «Hoy en día, la contaminación flotante de plásticos y microplásticos de los océanos es bastante conocida y se considera una de las preocupaciones ambientales más acuciantes del mundo», dice el estudio. Tras filmar transectos en los fondos de este estrecho, a profundidades de entre 200 y 600 metros (límite operacional del robot), comprobaron que la basura estaba compuesta en un 52,4% de bolsas y envoltorios plásticos. El estudio revela que el origen de la mayoría de esos desechos antropogénicos son fuentes terrestres. Los artículos de plástico duro apuntan, incluyen botellas y vasos, pero también juguetes, toallas sanitarias, tubos corrugados y canalones, mangueras de jardín, cajas de tomacorrientes e incluso algunas persianas. También se observa abundante material de construcción, así como trozos de telas y almohadillas de espuma.

(C)Martin Ogonowski y Cristoph Schür, Departamento de Ciencias Ambientales y Química Analítica de la Universidad de Estocolmo.
Los microplásticos ingeridos por una pulga de agua de tres milímetros de largo brillan en verde. En el laboratorio, las pulgas fueron expuestas a fragmentos redondos y de formas irregulares en cantidades más altas que en la naturaleza. Las piezas irregulares representan una amenaza mayor porque pueden agruparse y atascarse en el intestino.

Los residuos de madera están representados principalmente por tableros y trozos de muebles, mientras que la basura de metal incluye objetos grandes como láminas de chapa y barriles. Han encontrado, incluso, trozo de electrodomésticos, sillas y mesas, zapatos, colchones, árboles de Navidad de plástico e inodoros. «El plástico puede durar hasta 500 años en el mar y es una fuente de contaminantes orgánicos persistentes que son tóxicos para la fauna marina y se pueden acumular en sus tejidos», afirma la autora principal del estudio, Martina Pierdominico. Además, añade, la acumulación de plástico en el fondo puede impedir el intercambio de gases con aguas más superficiales, lo que supone un riesgo adicional para la fauna que vive en ellos (fauna bentónica).


La protección medioambiental, no es solo una cuestión de ética


En aguas españolas, un equipo de científicos de la Universidad de Alicante y el Instituto Español de Oceanografía en Murcia ha estudiado durante once años, en el marco de la campaña oceanográfica MEDITS-España la composición, distribución y evolución de la basura marina en el Mediterráneo español en 45.259 km2. De los 2.197 kilos de restos recogidos por la campaña oceanográfica MEDITS-España, el principal componente es el plástico (un 29,3% del peso total), procedente sobre todo de la actividad pesquera; seguido por la escoria que coincide con las rutas tomadas por los barcos mercantes (28,4%), la madera (10,2%), el metal (9,7%) y el vidrio (6,2%). Según el investigador principal, Santiago García Rivera, las tres áreas con mayor presencia de plásticos son el Mar de Alborán, el Golfo de Alicante y las inmediaciones de Barcelona.

Para alertar de todo ello, el pasado mes de junio el barco Blue Panda de WWF zarpó del santuario marino de Pelagos, en el mar de Liguria (entre Niza, Córcega y Livorno), el cual navegará hasta noviembre recalando en numerosos puertos turísticos del Mediterráneo para concienciar y movilizar a las personas en la necesaria protección de nuestro mar. Porque, aunque ya se ha dicho por activa y por pasiva, la protección medioambiental no es solo cuestión de ética. El asunto revierte en la salud de todos los seres vivos del planeta, obviamente también en nuestra especie, causante de todo este desbarajuste.



Según el análisis Detener la inundación del plástico que WWF encargó a la consultoría Dalberg, se estima que una persona puede ingerir al día hasta 2.000 fragmentos plásticos por semana, lo que equivale a 21 gr al mes, poco más de 250 gr al año. Es como si nos comiéramos una tarjeta de crédito cada semana. Suena a locura, ¿verdad? Lo es. Y una atrocidad para la vida marina. En el Mediterráneo montones de animales mueren por culpa del plástico. El cachalote que apareció muerto en las costas de Murcia con casi 30 kilos de basura en su estómago no es un caso aislado. No puede ser que, como dijo Jacques Cousteau en su día, continuemos convirtiendo el aire y el agua, nuestros dos fluidos esenciales, en vertederos globales. Dejemos de usar plástico y obliguemos a nuestros gobernantes que nos ayuden a ello y legislen en consecuencia.

 

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Sobre el autor

Periodista especializa en ciencia y medio ambiente, redactora de National Geographic, colaboradora de otros medios especializados y editora de libros científicos.

 

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