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De la erosión y la belleza

22/01/2015 - Blog - Irene Lapuente
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Entendemos por erosión el proceso de desgaste y destrucción de los suelos y rocas de nuestro planeta, y por extensión, asociamos a ese vocablo connotaciones de deterioro y debilitamiento. Y sí, la erosión daña la corteza de la Tierra, pero no por ello hace que esta se marchite, en muchas ocasiones moldea un nuevo paisaje de belleza extraordinaria. Lo importante es que se produzca una erosión natural, un pasar del tiempo, un envejecer con dulzura. Como les sucede a aquellas personas mayores que han crecido con solera…


El término erosión, y en concreto erosión geológica, nos transporta a los libros de texto de Ciencias Naturales (o Medio Natural) de la escuela. Al recordarlo, se nos antoja como un concepto totalmente alejado de nuestra realidad y de nuestro día a día, pero eso no es exactamente así. Ya hace tiempo escuché decir que aquellas personas que pasan muchas horas en la carretera, son personas afortunadas, porque ellas pueden disfrutar de un espectáculo geológico distinto en cada viaje y es que la erosión geológica puede transportarnos en el tiempo y en el espacio.

La erosión consiste en una serie de procesos, físicos o químicos, que dañan la piel de la Tierra. Científicos y políticos muestran su preocupación por este fenómeno, ya que llevado al extremo, puede afectar a uno de los elementos básicos para la vida: la fertilidad de  nuestros suelos. Aún así, la erosión es un proceso normal e inevitable. Es una simple consecuencia de la linealidad del tiempo.

Existen muchos tipos de erosión según quien azota: el agua, el viento, la gravedad, los seres vivos… El agua es un gran erosionador. Desde las aparentemente inofensivas gotas de lluvia, pasando por los ríos y mares, hasta los grandes y majestuosos glaciares. Todas esas manifestaciones del agua hieren a nuestro planeta. El agua siempre atiza, siempre abofetea, siempre agrede… El agua pega duro. Es la erosión hídrica.

Las aguas pluviales constituyen un agente erosivo de primera magnitud. Equipos de investigadores estadounidenses estudian el efecto de las gotas de lluvia golpeando el suelo, a través de fotografía de alta velocidad, para poder captar paso a paso el proceso de dispersión del suelo y sus inminentes consecuencias. Estos trabajos han llevado a la conclusión de que en regiones áridas y semiáridas, donde hay escasa vegetación, las gotas de lluvia afectan, de manera muy agresiva, nuestro suelo. Por eso, una forma de controlar el avance agigantado de estos procesos es evitando que nuestras tierras se tornen desiertos.

Las aguas continentales también son un agente erosivo importante. En forma de ríos que discurren sobre la superficie terrestre, o de corrientes que se deslizan subterraneamente, el agua desgasta los materiales que encuentra, allí por donde pasa, y arrastra los restos en dirección al mar, depositándolos en insólitos lugares para formar nuevos terrenos.

¿Habéis contemplado alguna vez los meandros de un río? ¿Esas formas sinuosas que combinan riberas cóncavas en las que predomina la erosión y riberas convexas, donde se depositan sedimentos? ¡Son un auténtico espectáculo!



Fuente: Wikipedia

 

Pero aún no hemos acabado el recorrido… El río sigue valle abajo, hasta llegar al mar. Donde se acaba la erosión fluvial, en la desembocadura de los ríos, allí, encontramos deltas y estuarios. Un delta es el resultado de la oposición de las aguas del mar a ser penetradas por las aguas fluviales. Dicha oposición frena el avance de las aguas del río, disminuyendo su capacidad de arrastre de sedimentos. Los deltas son superficies sedimentarias en las que  existe un equilibrio constante entre la fuerza destructiva de la corriente y el depósito de nuevos materiales.



Fuente: Wikipedia

 

Ya hemos llegado a la costa, el límite entre la tierra firme y el mar. Esta se encuentra constantemente sometida a la acción erosiva del agua, adquiriendo por ello formas muy diversas. El mar mueve rocas, tierras y arcillas para esculpir playas o acantilados.

Pero no es sólo el agua líquida quien esculpe el horizonte. El agua, al congelarse, origina un proceso de disgregación mecánica de las rocas, sobre todo de las más porosas, partiéndolas desde el corazón. Y los glaciares fueron los agentes erosivos de mayor importancia en el pasado, ya que fueron ellos quienes modelaron una buena parte de los paisajes que ahora encontramos en las latitudes medias y altas. Las enormes masas de hielo desplazándose lentamente por efecto de la gravedad llevaron a cabo una tarea de desgaste implacable. De hecho, el hielo es capaz de cortar o arrancar rocas, que otros agentes erosivos no podrían. Los preciosos fiordos son valles glaciares parcialmente inundados por el mar.

Una forma de erosión distinta de los glaciares, pero también provocada por la acumulación de agua en estado sólido, son los aludes. Un alud es el desprendimiento de una gran masa de hielo y nieve. A su paso, un alud arrastra la vegetación, dejando una triste huella de terreno desnudo.

Por todo ello y a pesar de la violencia que este fenómeno natural confiere a nuestro mundo, también es él quien nos dibuja los fiordos, las rías, las playas, los golfos, las bahías, los acantilados, los deltas, los meandros, las cataratas…, y todos esos destinos que llegadas las vacaciones desearíamos visitar. ¡Es la belleza y la historia de nuestras tierras, el tiempo y el espacio!

 

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Sobre el autor

Fundadora y directora de la Mandarina de Newton, una empresa comprometida con la cultura científico-tecnológica. Es Física de formación, cuenta con varios postgrados en comunicación y pedagogía y titulación en danza clásica. Por eso sus áreas de expertise son: el método científico, el design thinking y los procesos creativos.

 

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