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¿Con gas, sin gas o radioactiva?

09/12/2014 - Blog - Irene Lapuente
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El descubrimiento del radio a manos del matrimonio Curie abrió un mundo nuevo de posibilidades, pero también destapó la parte más oscura de la materia y desató una fiebre por todo aquello que tuviera radioactivo entre sus propiedades, popularizando singulares costumbres como la de beber agua radioactiva.


El radio es un elemento de color blanco brillante, pero que oscurece al estar en contacto con el aire y oxidarse. Es luminiscente y da un color azul pálido que parece mágico. El radio se obtiene a partir de la descomposición del uranio, por eso suele encontrarse en todas las minas donde se extrae este metal. De hecho, fue estudiando una variante de la uraninita en el norte de Bohemia, como los Curie descubrieron este nuevo elemento y empezaron a investigar en sus posibles aplicaciones médicas. Es extremadamente radioactivo. Lo es un millón de veces más que el uranio, aunque su período de semidesintegración, el tiempo necesario para que se desintegren la mitad de sus núcleos, es mucho menor.



Marie y Pierre Curie en su laboratorio de París. Fuente: Wikipedia.

La radioactividad es un fenómeno físico por el cual los núcleos de algunos elementos químicos, como por ejemplo el uranio, el rubidio o el radio, emiten radiaciones que pueden impresionar placas radiográficas, producir fluorescencia o atravesar cuerpos opacos a la luz visible.

Es curioso pensar que si al entrar en un bar hoy, el camarero nos ofreciera agua radioactiva -¿con gas, sin gas o radioactiva?- seguramente le miraríamos un poco sorprendidos y creeríamos que está intentando tomarnos el pelo, o peor aún, acabar con nuestras vidas. Sin embargo, esta no ha sido siempre la reacción que las personas hemos tenido hacia este tipo de agua. Tome 6 vasitos de agua radioactiva al día y notará la diferencia, anunciaban a principios del siglo XX. Y sí, la diferencia se notaba…

Durante los años 1920 y 1930, la comercialización de jarras para radiar el agua era una práctica muy común. La más popular fue Revigator. Una vasija con un  baño de radio que se llenaba de agua potable para que ésta se impregnara de radioactividad. En aquellos años, se creía que la radioactividad era vigorizante y curaba todo tipo de molestias y enfermedades. En esa época se puso de moda beber, como tónico para la salud, agua infusionada con radio. ¿Podéis creerlo?



Jarras para radiar el agua. Fuente: http://www.orau.org/ptp/collection/quackcures/quackcures.htm.

Pero no sólo bebíamos agua radioactiva o radiada, también chapoteábamos felices  en ella. El balneario Hot Spring en Arkansas (USA) descubrió una pequeña cantidad de radioactividad en las aguas de su manantial, seguramente debida al gas radón presente en su subsuelo. Eso llevó a pensar que todas las propiedades beneficiosas de aquellas aguas eran aportadas por la radioactividad. El doctor C.G. Davis afirmaba que ese agua radioactiva prevenía la locura, aumentaba las emociones nobles, retrasaba el envejecimiento y proporcionaba una vida espléndida y placentera. ¿Quién no hubiera deseado nadar en ella?

Hubo una época en que todo lo que contenía radio significaba avance. Y fue precisamente esa equivalencia, la que le permitió infiltrarse en los vasos de agua de más de uno, así como en la pasta de dientes Doramad, los cosméticos y cremas faciales Tho-Radia, las pastillas de chocolate, el pan, los relojes, los supositorios Vita-Radium o incluso los preservativos Nutex. El radio se presentaba como el mejor remedio para combatir las debilidades sexuales.

Y es que las palabras avance, adelanto, progreso, desarrollo han movido y mueven carros y carretas… A veces, sin ningún espíritu crítico y con escasos conocimientos sobre las implicaciones de tan gran revolución. ¿No estaremos ahora bebiendo el agua radioactiva de cualquier otra innovación? ¿O cegándonos con la luminiscencia y el brillo de nuevas vanguardias?

Es cierto que el radio también tiene una cara amable, y de hecho, el cloruro de radio se utiliza en medicina para producir radón, que a su vez se usa en tratamientos contra el cáncer. También se emplean radiofármacos y radiación como método de diagnóstico; y el debate sobre las centrales nucleares continúa abierto. El bien y el mal absolutos sólo existen en nuestra imaginación. La naturaleza y la vida son siempre más complejas y lo que hoy parece una verdad absoluta, mañana puede ser un error catastrófico.

Con eso no quiero llegar a un relativismo absoluto, pero si quiero concienciarnos del continuo proceso de revisión que debe experimentar el conocimiento y de la necesidad de ilusionarnos con lo nuevo sin olvidarnos de ser prudentes con nuestras ilusiones. Brindemos por esos sueños prudentes y ese avance crítico, pero como brindar con agua dicen que da mala suerte, no lo hagamos ni con gas, ni sin gas, ni radioactiva.

 

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Sobre el autor

Fundadora y directora de la Mandarina de Newton, una empresa comprometida con la cultura científico-tecnológica. Es Física de formación, cuenta con varios postgrados en comunicación y pedagogía y titulación en danza clásica. Por eso sus áreas de expertise son: el método científico, el design thinking y los procesos creativos.

 

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