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Apoptosis

Adipocito  siempre había visto a las otras células con admiración; altas y esbeltas como Conos o graciosas y brillantes como Neurona y su loca pelambrera de Medusa. Adipocito  era burda, redonda y poco sofisticada y lloraba, pues quería ser bella y destacar  como Neurona, pero solo era una masa amorfa amarillenta, que acumulaba grasa, no memorias ni pensamientos.

Sintió un calambrazo y vio como pequeñas proteínas deshacían su cuerpo.

Rodeada de enzimas y macrófagos, cerró los ojos y sonrió.

Su propio cuerpo era ahora una trampa para Cerebro.
Los espolones de las esferas VIH se adherían y perforaban sus defensas linfocitarias anidando en su mente nuclear, alterando sus helicoidales hélices de ADN con su ponzoñoso virión ARN, que provocaba una transcripción errónea de códigos.
Nuevas cubiertas proteicas, que asimismo se multiplicaban en su interior citoplasmático, protegían a su vez los nuevos viriones ARN generados antes de eclosionar como adultos y continuar su infierno.
¡Malditos parásitos!
Recibió con agradecimiento el impacto molecular del Retroviral, antes de decidir.