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Amor a toda máquina

Dijeron que las máquinas no tenían sentimientos. Tampoco los humanos se fijaban mucho en ellas, a no ser que fallaran en la función para las que estaban diseñadas. Pero lo cierto es que la tostadora enviaba señales de corazones de humo a la cafetera, que lloraba lágrimas de café con una pena insoluble. Y el microondas giraba y giraba, bailando al son de las notas que, como mensajes de amor, le enviaba el reproductor musical. Y yo, que soy un ordenador, te quiero conquistar hoy como escritor.

Purificación Ruiz Gómez