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Microrrelatos

Amor a toda máquina

Dijeron que
las máquinas no tenían sentimientos. Tampoco los humanos se fijaban mucho en
ellas, a no ser que fallaran en la función para las que estaban diseñadas. Pero
lo cierto es que la tostadora enviaba señales de corazones de humo a
la cafetera, que lloraba lágrimas de café con una pena insoluble. Y el
microondas giraba y giraba, bailando al son de las notas que, como mensajes de
amor, le enviaba el reproductor musical. Y yo, que soy un ordenador, te quiero conquistar hoy como escritor.