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Más reciclaje = Menos contaminación del agua

Los océanos y los mares que nos rodean se han convertido en un gran vertedero de plásticos, y no solo de plásticos, algo que afecta a la calidad el agua, así como a los ecosistemas, fauna y flora, que albergan en su interior.

Una pajita de plástico, un vaso de café para llevar, un vaso de plástico, pequeños objetos de metales… muchos de estos objetos, y tantos otros, acaban en el agua sin que se sepa bien cómo. Pero lo hacen. De manera directa o indirecta, terminan en los océanos, los mares o los ríos. Como ejemplo, la llamada “Isla de basura” que se encuentra en el océano Pacífico. O esas ballenas que han aparecido muertas con el estómago lleno de plásticos. O pequeños peces con microplásticos en su interior. O atrapados por plásticos.

La cuestión es que los océanos y los mares que nos rodean se han convertido en un gran vertedero de plásticos, y no solo de plásticos, algo que afecta a la calidad el agua, así como a los ecosistemas, fauna y flora, que albergan en su interior.

Algunos datos concretos:

    • Se estima que entre 4,8 y 12,7 millones de toneladas de plástico llegan a los océanos cada
    • Cada segundo más de 200 kilos de basura van a parar a los océanos
    • Se desconoce la cantidad exacta de plásticos en los mares, pero se estiman unos 5-50 billones de fragmentos de plástico, sin incluir los trozos que hay en el fondo marino o en las playas.
    • El 80% de todos esos productos viene de la tierra.
    • El 70% queda en el fondo marino, el 15% en la columna de agua y el 15% en la superficie. Lo que vemos es solo la punta del iceberg.
    • Hay 5 islas de basura formadas en su gran mayoría por microplásticos: dos en el Pacífico, dos en el Atlántico, y una en el Índico.

Una situación que hace pensar que para el año que viene se pueden superar los 500 millones de toneladas anuales, un aumento del 900% con respecto a tan solo cuatro décadas atrás.

El problema es claro: cuando nos deshacemos de plásticos sin reciclarlos, acaban flotando en los ríos y, después, acaban llegando a los océanos y los mares. Ya sean plásticos grandes o pequeños. Porque los microplásticos se han convertido en un problema grave, dado que están afectando a la cadena trófica, esencial para mantener el equilibrio entre mares y océanos.

Si el cambio climático, calentando el agua o subiendo el nivel del mar por el derretimiento de los polos, ya está ocasionando cambios en los ecosistemas, la contaminación de materiales como el plástico o el metal no hacen sino empeorar más si cabe la situación, dado que su presencia en las aguas altera el ciclo del agua y todo el ecosistema animal y de flora. Porque una vez que los objetos de plástico llegan al medio marino tardan entre décadas y cientos de años en degradarse, dependiendo del tipo de plástico y de las condiciones medioambientales a las que se exponga. Por ejemplo, en los océanos la radiación solar es el principal agente para degradar el plástico y el oleaje ayuda a acelerar el proceso. El problema es que el plástico no desaparece, sino que los fragmentos más grandes se rompen en unos más pequeños que acaban desplazándose por el agua. Algunos animales marinos confunden esos trozos con alimento y lo ingieren. Incluso, en determinadas zonas, el agua que bebemos puede tener microplásticos.

Por el contrario, en ocasiones, el plástico queda enterrado por materia orgánica o inorgánica, por lo que no está expuesto a los rayos del Sol, en un ecosistema de bajas temperaturas y presencia de oxígeno, por lo que resulta mucho más complicado que se degrade y acaba acumulándose. Su presencia, también afecta considerablemente a los animales cuyo hábitat son los océanos o los mares.

En el Día Mundial del Reciclaje, piensa que ese trozo de plástico arrojado al suelo o no reciclado correctamente es posible que acabe en el río y después en océanos o mares. Algo que nos afecta a todo, dado que el agua es un recurso natural esencial para la vida del ser humano. Y su cuidado empieza por los actos cotidianos.

¡Recicla!