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El Manneken-Pis no despilfarrará más agua

La escultura siempre ha estado envuelta en leyendas y su historia no está del todo clara más allá de unos datos muy concretos. Pero el Manneken-Pis guardaba otro secreto: el gran despilfarro de agua que ha ocasionado y al que se ha puesto freno.
11/04/2019
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El Manneken-Pis es una estatua de bronce de 65.5 centímetros que se encuentra en el centro histórico de Bruselas, en Bélgica. En ella, un niño pequeño y desnudo orina en el interior del cuenco de la fuente. A mediados del siglo XV, al parecer, había una estatura similar de piedra que fue robada en varias ocasiones. En 1619, el escultor barraco franco-flamenco Jérôme Duquesnoy la sustituyó por una de bronce, la actual, la cual situó sobre una columna tallada por Daniel Raessens; en 1770, sería sustituida por otra de estilo rococó que es la que se puede contemplar hoy. Pero la estatua actual es una reproducción de la original, dado que esta fue robada en la década de los sesenta del pasado siglo. Primero fue hurtada en 1963; apareció y volvió a desparecer en 1965 para encontrarla desmembrada en la localidad de Charleroi.

Alrededor del Manneken-Pis también circulan diferentes leyendas populares. Por ejemplo, que, durante el sitio de la ciudad en el siglo XIV, los atacantes encontraron un plan para derribar las murallas de la ciudad con cargas explosivas, plan que fue desbaratado por un niño que orinó sobre la mecha encendida. O que un rico comerciante que visitaba la ciudad perdió a su hijo pequeño; tras una larga búsqueda, fue encontrado riendo y orinando en un pequeño jardín, hecho que llevó a su padre a la construcción de la fuente.



Historia y leyendas de una estatua, situada en la esquina entre la Rue l’Etuve y la Rue du Chêne, que es uno de los grandes reclamos de la ciudad de Bruselas, y que ahora ha sido noticia porque se ha descubierto que el chorro de agua que representa la micción del niño despilfarra entre 1.500 y 2.500 litros diarios de agua potable que acababan en las alcantarillas de la ciudad belga.

A finales del año pasado, un técnico del Ayuntamiento de Bruselas descubrió algo que, a simple vista, puede parecer inaudito que nadie lo supiese: que el Manneken-Pis no tenía un circuito cerrado que permitiese que el agua expulsada por la escultura volviese a ella creando un proceso, por el cual, siempre fuese la misma agua, sin derroche hídrico alguno. El hallazgo sorprendió y puso de relieve el gran prejuicio a nivel ecológico y de gasto de agua que suponía la estatua, por mucho que fuese un reclamo turístico para la ciudad. Por tanto, idearon un sistema provisional para devolver a la escultura el agua expulsada, esperando a encontrar una solución definitiva que acabe con el gran despilfarro de agua que ha ocasionado durante tanto tiempo.

 

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