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El legado del comandante Cousteau

Aqua-Lung, el "pulmón acuático" de Cousteau

El mundo submarino de Jacques Cousteau

Sus viajes a bordo del mítico Calypso llevaron los misterios de las profundidades a todos los hogares del mundo, defendiendo la importancia de cuidar mares y océanos.

El Calypso, su gran emblema

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El mundo submarino de Jacques Cousteau

Esta serie documental de 36 capítulos comenzó en 1968 y concluyó en 1975. Contaba con un alto nivel de audiencia y fue reconocida por incrementar la conciencia medioambiental.

Con su figura desgarbada y gesto serio, el marino francés Jacques-Yves Cousteau (1910-1997) hizo que la humanidad descubriera por primera vez los secretos del mundo submarino a mediados del siglo XX. A través de sus series de televisión y sus películas entró en millones de hogares y se convirtió en el mayor comunicador de la vida en los océanos. Pero no sólo fueron sus legendarias expediciones a bordo del barco Calypso las que le dieron fama, Cousteau fue también el artífice de numerosos inventos que contribuyeron a sentar las bases de la exploración moderna del medio submarino. Lo cierto es que el famoso comandante se interesó por la investigación del mar en un momento en que prácticamente todo estaba por hacer y por descubrir. A finales de la década de 1930, los fondos oceánicos eran un lugar inhóspito y desconocido para la mayoría de los mortales.

 

Las expediciones de Cousteau se tradujeron en más de un centenar de documentales, diversos largometrajes y más de cincuenta libros. Pero además realizó importantes contribuciones a la ciencia y alertó al mundo sobre problemas medioambientales como la contaminación del mar o la sobrepesca. Su influencia fue tal que presidentes y jefes de Estado de las naciones más poderosas lo agasajaron, e importantes instituciones científicas financiaron sus inventos y expediciones.

 

Sin embargo, la figura del comandante Cousteau suscitó también recelos y controversias. Era un personaje difícil de catalogar. Con sus producciones cinematográficas y televisivas se erigió como un gran comunicador aunque nunca había estudiado cine. Está considerado como uno de los grandes oceanógrafos de la historia pese a que no había cursado ninguna carrera universitaria. Desveló muchos de los secretos de la vida en el mar sin ser biólogo. Todo ello provocó que algunos críticos pusieran en duda la validez científica de sus proyectos. Lo cierto es que el propio Cousteau aclaraba que él no se consideraba un científico sino un simple explorador, movido por un infinito afán de curiosidad.

 

UNA VOCACIÓN POR CASUALIDAD

Con apenas cuatro años de edad, su frágil estado de salud hizo que el médico le recomendara evitar los deportes bruscos y le aconsejó la natación. Ahí comenzó la fascinación por el medio acuático que lo acompañaría toda la vida. Debido al trabajo paterno, la familia Cousteau vivió un tiempo en los Estados Unidos donde Jacques hizo sus primeras incursiones como buzo. Cuando cumplió los 13 años, su padre le regaló una cámara de filmación sencilla, con la que grababa todo cuanto veía a su alrededor. El joven Jacques-Yves mostraba además una especial habilidad para la construcción de artefactos. Cuando superó la adolescencia, Cousteau había decidido seguir la carrera militar y se alistó en la Academia Naval Francesa en 1930. Realizó numerosos viajes por el mundo siempre acompañado de su filmadora. Durante la Segunda Guerra Mundial Jacques trabajó para la resistencia francesa y realizó algunas misiones que le valieron diversas condecoraciones, entre ellas la famosa Legión de Honor. Durante aquella época, nunca dejó de bucear ni de filmar con sus amigos. Fue entonces cuando realizó su primera película A diez brazas bajo el agua. Esa experiencia lo entusiasmó para seguir buscando algún instrumento que le permitiera bucear a mayor profundidad y permanecer más tiempo bajo el agua. Después de probar diversos prototipos de sistemas respiratorios submarinos, en 1943, junto con el ingeniero Emile Gagnan, desarrolló el Acqua-Lung (pulmón acuático), una escafandra autónoma con aire comprimido que hizo que el hombre, por primera vez en la historia, pudiera desplazarse libremente bajo el agua.

 

Tras finalizar la Segunda Guerra Mundial, la marina francesa quiso aprovechar sus conocimientos de buceo y puso a su disposición un barco y un equipo para desactivar minas. Entre estas misiones militares, en 1948, junto con expertos buceadores y diversos científicos y académicos, emprendió una expedición submarina en el mar Mediterráneo en busca de un barco romano, el Mahdia, que había naufragado en el siglo I a. C. Fue la primera expedición de arqueología subacuática de la historia que utilizó aparatos autónomos de inmersión. Un año más tarde, Cousteau abandonó definitivamente la marina para organizar sus propias expediciones.

 

Fue en 1950 cuando se produjo el histórico encuentro del comandante con el barco cuyo nombre sería tan famoso como el de su capitán: el Calypso. Cousteau convirtió ese antiguo dragaminas en el primer navío de la historia dedicado a la investigación oceanográfica. En 1953 el capitán francés publicó el libro El mundo del silencio, donde narraba sus viajes y sus experiencias en el mar, y vendió más de cinco millones de ejemplares. Ese hecho marcó el inicio de la figura de Jacques Cousteau como gran divulgador del medio marino. Aficionado como era al cine desde adolescente, decidió entusiasmar a un joven director, Louis Malle, que con el tiempo habría de convertirse en uno de los grandes cineastas del cine francés, para que lo acompañara en sus aventuras. El éxito volvió a sorprenderlo. En 1956 ambos ganaron la Palma de Oro del Festival de Cannes, y un año después el primer Oscar, con su documental El mundo del silencio. La fama de Cousteau comenzó a trascender y se convirtió en una autoridad mundial en el campo de la investigación oceanográfica.

 

Entretanto, no abandonó su faceta creadora. A principios de los años de 1960 sorprendió al mundo con unos revolucionarios platillos de buceo con forma de nave extraterrestre para descender a mayor profundidad. También desarrolló propulsores a hélice para que los buceadores pudieran desplazarse a mayor velocidad. En 1963 construyó la primera base humana en el fondo marino y permaneció en ella con un equipo de expertos durante 30 días. Pero fue la legendaria serie de documentales producidos para televisión, que se prolongó desde 1968 hasta 1972, lo que acabaría convirtiéndolo en una celebridad mundial. En 1973 fundó la Sociedad Cousteau, en un esfuerzo por aumentar el conocimiento de los ecosistemas del mundo submarino y batallar contra todas las manifestaciones irracionales de la sociedad industrial, entre ellas la destrucción de la vida marina. Desde allí denunció los devastadores efectos de la pesca abusiva, promovió movilizaciones contra la energía nuclear y advirtió sobre los problemas de la superpoblación de la Tierra.

 

 

Aqua-Lung, el “pulmón acuático” de Cousteau

El explorador francés y el ingeniero Émile Gagnan inventaron en 1943 un revolucionario sistema para realizar inmersiones libres sin depender del suministro de oxígeno desde la superficie.

autonomía bajo el agua

En 1942, Jacques Cousteau compartía su tiempo libre navegando y buceando en las aguas de la Costa Azul con Émile Gagnan, un ingeniero que trabajaba en la empresa de su suegro. Gagnan había conseguido adaptar los motores a gasógeno de los coches mediante un regulador, el Rouquayrol-Denayrouze, patentado en 1864. Cousteau le propuso aplicar ese mismo regulador entre una botella de aire comprimido y los pulmones del buceador. Ese fue el inicio del invento de la escafandra autónoma.

 

La idea representó el surgimiento del hombre rana y Cousteau y Gagnan patentaron su invento que conseguía dar autonomía total a los submarinistas. La válvula, con una membrana flexible, se abría cuando el nadador aspiraba para obtener el aire. Fue el “eslabón perdido” del buceo y el inicio del submarinismo tal y como se lo conoce actualmente. El invento fue bautizado Aqua-Lung y su primera prueba exitosa, aunque breve, la hizo el propio Cousteau en una pequeña playa de La Riviera en junio de 1943. Hasta ese momento, los buzos, con sus pesados trajes, dependían de la provisión de oxígeno desde la superficie a través de largos tubos conectados a compresores.

 

Durante los años siguientes, el propio comandante francés trabajó constantemente en el perfeccionamiento de ese equipo autónomo, rediseñando durante más de tres décadas sus diferentes partes: la máscara, las conexiones a los tubos de aire, las cargas de oxígeno, y hasta las aletas para conseguir mayor impulso.

El Aqua-Lung, que todavía hoy da nombre a una compañía de sistemas de buceo, es un regulador de respiración submarina autónomo basado en un tanque con aire comprimido en su interior. © Getty Images.

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El Calypso, su gran emblema

Este viejo dragaminas estadounidense de la Segunda Guerra Mundial, acondicionado con la mejor tecnología del momento, se convirtió en el buque oceanográfico más famoso del mundo.

un barco mítico

El Calypso contaba con dos potentes propulsores General Motors Diésel de 8 cilindros que le permitían alcanzar una velocidad de 10 nudos. © Sol90 Images.

En 1950 unieron sus destinos el entonces capitán de corbeta en excedencia de la marina francesa Jacques Costeau y el barco Calypso, que sería su casa, su laboratorio, su transporte y su compañero de aventuras por más de cuarenta años. El barco era propiedad del transportista maltés Joseph Gazan, pero acabó en poder de Cousteau gracias al mecenazgo del millonario Loël Guinnes, que compró el Calypso y lo cedió al explorador francés en una operación de leasing simbólica a razón de un franco anual.

 

Cousteau equipó el Calypso con la más moderna tecnología de su tiempo, transformándolo en un auténtico icono de la exploración oceanográfica. El buque contaba con un laboratorio móvil, un helipuerto, vehículos de propulsión para buceo, minisubmarinos y cámaras de filmación subacuáticas. Con él inició sus exploraciones en 1951. Tras 45 años de servicio, un accidente provocó su hundimiento el 8 de enero de 1996 en Singapur. Recientemente, Francine Cousteau, viuda y heredera del oceanógrafo, ha logrado restaurarlo para que vuelva a navegar.