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Desafíos

En busca de las fuentes del Nilo

A mediados del siglo XIX los británicos Richard F. Burton y John Speke protagonizaron una fascinante aventura en el corazón de África intentando hallar el nacimiento del Nilo.

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La ubicación exacta de las fuentes del Nilo era uno de los últimos enigmas geográficos que faltaban por resolver y se arrastraba desde la época faraónica cuando los egipcios trataban de buscar una explicación a las periódicas crecidas del gran coloso fluvial africano. También griegos y romanos hicieron tentativas en vano. En 1857, siguiendo la vorágine de exploración científica del planeta iniciada el siglo anterior, la Royal Geographical Society (RGS) de Londres financió una expedición para resolver el misterio (aunque oficialmente el objetivo era estudiar a las tribus locales para cubrirse de un hipotético fracaso). Al frente de la misma, Richard Francis Burton (1821-1890) y John Hanning Speke (1827-1864), dos oficiales británicos de personalidades contrapuestas que habían servido en la India y ya habían coincidido en una expedición a Somalia, tres años antes. Una de las novedades fue que no siguieron la ruta tradicional remontando el Nilo desde Egipto, sino que partieron de la costa oriental de África, frente a la isla de Zanzíbar, siguiendo el itinerario habitual de las caravanas de esclavos árabes. Fue un viaje lento y duro. Durante ocho meses, los 130 hombres de la expedición padecieron enfermedades, deserciones y peligros hasta llegar exhaustos en febrero de 1858 al lago Tanganika. Burton se mostró convencido de que allí se iniciaba el Nilo, pero Speke se mostró muy escéptico y propuso bordear el lago en canoa para corroborarlo. No llegaron a completar el objetivo por las penosas condiciones de salud en que se encontraban y emprendieron el viaje de regreso. En la ciudad de Tabora, donde pararon a reponer fuerzas, Speke tuvo noticia por los indígenas de la existencia de otro gran lago más al norte y partió en su búsqueda por su cuenta. Al llegar a la parte meridional de este nuevo lago, que bautizó como Victoria en honor a la reina de Inglaterra, Speke intuyó acertadamente que estaba cerca de la fuente del Nilo, aunque pudo comprobarlo.

 

La polémica estaba servida entre dos personas con un ego elevado y que no tenían precisamente una buena relación. Si John Speke estaba en lo cierto, toda la gloria sería suya. Además, se encargó de que así fuera, ya que se embarcó antes que su compañero y, para cuando Burton llegó a Londres, dos semanas más tarde, ya había impregnado de sus tesis a los miembros de la Royal Geographical Society. Tanto es así, que la RGS y el Foreign Office auspiciaron una nueva misión para certificar el hallazgo. En esta ocasión, Speke se hizo acompañar por James Augustus Grandt (1827-1892), un oficial de su confianza. La ruta fue idéntica a la del primer viaje, pero en Tabora se desviaron hacia el norte en busca del lago Victoria. Allí se entrevistaron con el rey Mutesa I de Buganda (en la actual Uganda), que les confirmó la existencia de un gran río que iniciaba su recorrido en la parte septentrional del lago. Finalmente, el 28 de julio de 1962 John Speke, que había dejado atrás a Grandt para asegurarse la gloria, localizó la cabecera del Nilo en un punto que bautizó como cataratas Ripon (hoy sumergidas por la construcción de una presa en 1954 que el elevó el nivel del lago), en homenaje a uno de los miembros de la RGS que le había apoyado. A pesar de ello, la historia estaba lejos de cerrarse. El poder de convicción de Burton provocó que en el seno de la Royal Geographical Society hubiera detractores de la teoría de Speke. Casualmente, un extraño accidente de caza acabó con la vida del explorador británico justo cuando iba debatir sobre el asunto con Burton en la sede de la Asociación Británica para el Progreso de la Ciencia.

 

DOCTOR LIVINGSTONE, SUPONGO

En 1865, la RGS encargó al médico y explorador David Livingstone (1813-1873) una nueva expedición para que resolviera definitivamente las dudas acerca de las fuentes del Nilo, pero su pista se perdió durante años en el lago Tanganica. El periodista y explorador Henry Morton Stanley (1841-1904) encabezó una misión organizada por el New York Herald para localizar a Livingstone, a quien logró hallar, contra todo pronóstico, en la ciudad de Ujiji, a orillas del Tanganica. Fue entonces cuando pronunció la célebre frase: “Doctor Livingstone, supongo”. La expedición también sirvió para que Stanley confirmara definitivamente las tesis de Speke, tras circunnavegar por completo el lago Victoria y comprobar el desborde de agua al Nilo, y tras hacer lo propio en el Tanganica y descubrir que tenía un río de entrada, pero no de salida. Al final, Richard Burton no obtuvo la gloria y John Speke no pudo disfrutarla.

 

EL NILO AZUL

La corriente de mayor extensión es lo que se conoce como Nilo Blanco. Sin embargo, existe una bifurcación a la altura de la ciudad de Jartum, capital de Sudán, que recibe el nombre de Nilo Azul. Esta vertiente tiene su fuente en el lago Tana, en las tierras altas del noroeste de Etiopía. Su descubrimiento en 1618 se atribuye al jesuita español Pedro Páez (1564-1622) que, además, tuvo el privilegio de ser el primer europeo en probar el café.

¿Dónde nacen los ríos más conocidos?

La mayoría tienen su origen en las principales cadenas montañosas, en zonas de glaciares o en grandes lagos. En algún caso no se tiene la total certeza de cuál es la fuente real del río.

El río más largo del mundo: ¿Nilo o Amazonas?

Hasta hace unos años, el Nilo era reconocido como el río más extenso del planeta, pero en 2007 una expedición de científicos peruanos y brasileños puso en cuestión este honor.

polémica geográfica

Medir la longitud de un río no siempre es tarea fácil y puede estar sujeta a interpretaciones, sobre todo por la dificultad de localizar las fuentes en determinadas zonas montañosas. Es el caso del Amazonas. Diversas expediciones habían establecido un punto del Nevado del Mismi como el lugar de nacimiento del río más caudaloso del mundo, pero un último estudio del Instituto Nacional de Pesquisas Espaciales de Brasil basado en mediciones satelitales y los datos recogidos por la I Expedición Científica al Nacimiento del río Amazonas concluyó que la fuente se halla en otro punto a más de 5.000 m de altura. Según los nuevos datos, Amazonas mediría 6.992 km por 6.852 km del Nilo, que perdería el honor de encabezar el ránking de los ríos más largos del planeta. Esta conclusión, sin embargo, no ha sido respaldada por toda la comunidad científica.

 

Las últimas mediciones realizadas con software de geoprocesamiento agregaron 230 km al Amazonas. Filipe Frazao © Shutterstock.

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