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Los primeros navegantes

de la historia

Desde muy antiguo, los pueblos costeros construyeron embarcaciones para pescar o trasladarse por el agua. El siguiente paso fue lanzarse a explorar otros territorios.

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Los orígenes de la navegación se remontan a miles de años atrás. Desde tiempos primitivos el hombre ha sentido la necesidad vital de adentrarse en el mar, ya sea para obtener alimento o para explorar nuevos horizontes. Probablemente, en un principio se valió de troncos, después de balsas fabricadas con maderos atados con lianas, luego de canoas, piraguas y embarcaciones cada vez más sofisticadas e impulsadas por remos primero y velas después. Fueron los inicios de la navegación, la manera más antigua de transportar personas en forma masiva de la Humanidad.

 

Aunque las primeras evidencias de la inquietud del ser humano por la navegación se remontan a la época mesolítica, fue con el desarrollo de las grandes

civilizaciones de la Antigüedad cuando aparecieron las primeras embarcaciones relativamente avanzadas. Hace más de 5.000 años los egipcios construyeron diferentes tipos de barcos para navegar por el Nilo, su principal vía de comunicación. Posteriormente, fenicios, griegos y romanos se lanzaron a la conquista del Mediterráneo con naves cada vez más desarrolladas. Uno de los rasgos característicos de muchos de los barcos de aquella época era la presencia de varias filas de remos para obtener mayor impulso.

 

Estas son las naves características de las principales civilizaciones de la Antigüedad…

Los barcos egipcios

Dada la importancia vital del río Nilo –su principal vía de comunicación–, los egipcios

desarrollaron desde tiempos ancestrales diferentes tipos de embarcaciones, como botes fabricados con papiros, naves de pasajeros y funerarias y barcos de guerra. Las clásicas embarcaciones egipcias tenían la proa y la popa elevadas y contaban con un mástil y una vela cuadrada que descansaba sobre la verga inferior, siendo la superior la móvil. Cuando navegaban por el Nilo hacia el norte, a favor de corriente, utilizaban los remos, y cuando iban hacia el sur, desplegaban la vela para aprovechar el viento a favor. En el Mediterráneo, utilizaban barcos similares de doble timón –los kebenit– fabricados con madera, y realizaban navegación de cabotaje. Foto: © Sol90 Images.

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Las naves fenicias

Expertos navegantes, los fenicios fueron los grandes impulsores del intercambio mercantil en el Mediterráneo durante el I milenio a. C. Suyos fueron los enclaves más ricos en metales, gracias a sus innovadoras naves –comerciales y de guerra–, sus conocimientos náuticos y su arrojo. Su principal ruta comercial transcurría desde la ciudad de Tiro (actualmente en el sur del Líbano) hasta sus factorías en Gadir (actual Cádiz). En total, navegaban 4.600 kilómetros a lo largo de 50 días, haciendo escala en diversos puertos, con naves de entre 20 y 30 metros de eslora en las que transportaban unas cien toneladas de mercancía. Durante los viajes aprovechaban para colonizar a otros pueblos y hasta llegaron a circunvalar África. Foto: © Sol90 Images.

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La trirreme griega

Desde los inicios de la era arcaica, en el siglo VIII a.C., las principales ciudades griegas se sirvieron de la pericia de sus navegantes y de la calidad de sus embarcaciones

para colonizar toda la costa mediterránea. A partir del siglo VI a.C., la amenaza del Imperio persa obligó a los griegos a desarrollar una nueva embarcación de guerra, basada en los antiguos pentecónteros usados en la guerra de Troya. Como su nombre indica, los trirremes contaban con tres bancos de remos, dispuestos en diferente nivel, lo que les permitía alcanzar una velocidad jamás vista hasta entonces. Estrechas, largas, con poco calado y ligeras, estas naves destacaban por su gran maniobrabilidad. Foto: © Sol90 Images.

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La galera romana

Aunque Roma no inventó las galeras, fue una potencia marítima que contó con una gran flota de este tipo de navíos. Incorporadas durante el siglo III a.C., rápidamente proporcionaron a los romanos un completo dominio sobre el Mediterráneo. La galera combinaba remos y velas, aunque si el viento soplaba de frente solo podía valerse de la fuerza de los remeros. Sus espolones reforzados con metal y situados en la línea de flotación eran utilizados para embestir a las naves enemigas. La liburnia fue un modelo de galera birreme ideado por los romanos. Ligera, veloz y con gran capacidad de maniobra, fue utilizada en diferentes batallas como la de Actium (31 a.C.), en la que la armada romana venció a la flota de Marco Antonio y Cleopatra. Foto: © Sol90 Images.

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