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Plásticos everywhere

23/06/2014 - Blog - Eva van den Berg

Se desconoce con exactitud la magnitud global de la cantidad de plástico que flota a la deriva en los océanos del planeta. Pero los muestreos realizados durante la Expedición Malaspina que el CSIC hizo en 2010 han aportado datos que estiman esa cifra en decenas de miles de toneladas.

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Tras navegar por la mayor parte de los océanos del planeta recolectaron fragmentos plásticos en el 80% de los lugares muestreados en aguas oceánicas, muy alejadas de las zonas costeras habitadas, y comprobaron la existencia de cinco grandes acúmulos de basura en los océanos, dos en el hemisferio norte y otras tres en el Pacífico Sur, Atlántico Sur y Océano Índico. Éstos, de dimensiones colosales, son generados por la circulación superficial del agua, organizada en torno a cinco grandes giros que actúan como cintas transportadoras de millones de trozos de plástico de tamaños y composiciones variadas, que pueden perdurar en el océano a lo largo de centenares de años.

Miles de animales marinos mueren cada año debido a la ingesta de trozos de plástico que confunden con alimento. Muchas aves marinas ceban a sus pollos con estos fragmentos sentenciando su futuro sin saberlo. Y los fragmentos más diminutos, los llamados microplásticos, se cuelan en la columna de agua donde flotan a la deriva camuflados entre los organismos del plancton. ¿Se imaginan lo que sucede? Que el plástico forma parte ya de la cadena alimentaria marina y hasta 600 especies lo consumen, ya sea de forma directa, ingiriendo directamente trozos de este material, o indirectamente, al depredar sobre especies que lo hayan consumido.

Mientras sigo leyendo impresionada los informes que detallan los efectos del plástico en los océanos y en la biodiversidad y siento ganas de apostatar como Homo sapiens, descubro un personaje que evita que abandone, de momento, la idea de solicitar mi ingreso en una especie más colaborativa. Se trata de Boyan Slat, un holandés de 19 años, considerado una de las veinte promesas en el campo de la emprendeduría a nivel internacional.

Slat, que quiere ser ingeniero aeronáutico, es buceador aficionado y estando bajo las aguas griegas hace unos veranos, vio tal cantidad de plástico flotando que se propuso hacer algo al respecto. Dedicó medio año a documentarse y a plantear métodos de limpieza y en 2012 presentó su sistema de barreras flotantes sólidas (no están hechas de red, para evitar la captura accidental de animales marinos) que se mueven de forma pasiva, siguiendo las corrientes, agrupando la basura en una plataforma de recogida. Slat ha probado con éxito un prototipo en las Azores gracias al crowdfunding y ahora anda a la busca de capital para poder instalar su invento en cada uno de los cinco giros y reducir a la mitad el acúmulo de residuos en 10 años.

¿Conseguirá Boyan su cometido? Quien sabe. Ojalá que así sea y logre superar todos los problemas que vayan surgiendo, porqué los tendrá. Pero más allá de sus resultados, es esperanzador que surjan personajes como él, jóvenes emprendedores que, en lugar de dedicarse a nininear en su tiempo de ocio, disfrutan afrontando retos comprometidos. Los necesitamos. Los necesitamos urgentemente para que proyecten una visión de futuro más prometedora.

Sobre Boyan Slat:

Impresionante trabajo fotográfico de Chris Jordan (un fotógrafo fantástico e imaginativo) sobre el efecto del plástico en los albatros de Laysan en el archipiélago de Midway:

 

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Sobre el autor

Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.

 

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