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Otra realidad es posible

20/06/2016 - Blog - Roberta Bosco y Stefano Caldana
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Pancartas, vallas publicitarias, insignias luminosas, carteles, horribles esculturas, letreros y rótulos inoportunos. ¿Y si el espacio urbano volviera a ser más sostenible, sin tanta publicidad agresiva y adornos ostentosos? Puede que haya otra posible realidad y seguro que con el paso del tiempo aprenderemos a aprovechar las múltiples oportunidades que nos brinda la realidad aumentada.


 



 

A pesar del catastrófico fracaso de las Google Glass es evidente que algún día la tecnología nos propondrá un dispositivo práctico para acceder a contenidos virtuales acoplados de manera geolocalizada al espacio urbano. Como pasa a menudo con los nuevos soportes tecnológicos, en este momento los que más están investigando en este campo son los artistas. Ya en 2010 los españoles Clara Boj y Diego Díaz en colaboración con el neozelandés Julian Oliver, crearon unos prismáticos que permiten cambiar la realidad que nos rodea. The Artvertiser, un aparato que se estrenó en Berlín en el marco del festival Transmediale y se presentó en la feria de arte contemporáneo ARCOmadrid, ofrece la posibilidad de sustituir virtualmente el contenido de las vallas publicitarias por obras de arte con el objetivo de reivindicar el paisaje urbano y permitir la presencia de contenidos alternativos a la publicidad.

Lo último en este sentido está teniendo lugar en Virtuale Switzerland o sea, Suiza Virtual, un evento concebido como si fuera una bienal de arte y que hasta finales de septiembre convertirá las calles de Lugano, Lausana y Basilea en verdaderos museos al aire libre.



 

El evento, que se podría definir a coste cero, da vida a una exposición sostenible y discreta ya que las obras que se acoplan a los espacios urbanos son virtuales y sólo se pueden ver a través de un teléfono inteligente. “Este formato nos permite reducir los residuos generados por las grandes exposiciones y además como no hay envío de obras de arte, la huella de carbono es casi inexistente”, nos explican los organizadores.

En los lugares de la ciudad que acogen una intervención artística virtual, el público encuentra unas pancartas informativas y unos códigos QR que permiten la correcta visualización de las obras. Evidentemente es necesario que el usuario haya descargado previamente la aplicación gratuita Layar, un navegador para la visualización de objetos de realidad aumentada que se materializan de manera geolocalizada, es decir sólo en un lugar determinado, al ser enfocados con un dispositivo móvil.



 

Para el público interesado en localizar rápidamente las intervenciones, los organizadores han reunido en la web de Virtuale Switzerland unos mapas que facilitan la ubicación de las obras virtuales. El evento cuenta con la presencia de artistas como Peter Aerschmann, John Craig Freeman, Will Pappenheimer, Mark Skwarek, Tamiko Thiel, Monica Studer y Christoph van den Berg, es decir la primera división internacional de los que trabajan con realidad aumentada, una joven disciplina artística cuyo objetivo es aprovechar el espacio público a través del uso de las tecnologías móviles, generando nuevas maneras de interactuar y disfrutar de las obras de arte.

Entre las propuestas, Water Lily Invasion de Tamiko Thiel llena el lago de Lugano de nenúfares gigantes, unas flores insólitas para un lago de los Alpes. De hecho el proyecto apunta al inexorable calentamiento global del planeta que está empujando la flora a desplazarse para adaptarse a los cambios climáticos.



 

Lugano protagoniza también los inquietantes mundos virtuales de Will Pappenheimer, que transforman las calles de la ciudad en un mundo parecido a una experiencia alucinógena, entre edificios desestructurados de colores estridentes, repletos de criaturas imposibles.

Además si el público apunta hacia las nubes, Halo Sky Writer, una aplicación creada por Pappenheimer y Zachary Brady como instrumento de protesta para la marcha en contra del cambio climático de Nueva York (People's Climate March 2014), transforma el cielo en una pizarra, para que cualquiera desde su dispositivo móvil pueda trazar dibujos y mensajes que los demás usuarios de la aplicación pueden visualizar a más de cinco kilómetros de distancia.



 

Entre las numerosas obras repartidas por la ciudad de Lausana se encuentra la célebre Shades Of Absence: Public Voids de Tamiko Thiel, que se presentó por primera vez en la Bienal de Venecia 2011, y propone un recorrido sobre los artistas cuyas obras en los espacios públicos han sido censuradas.

 

 

En las proximidades de la Catedral de Lausana, Radio Heads & Freedom Fighters de Michael Spahr da vida a unas estatuas virtuales de personajes célebres como Mao, Jesús o Martín Lutero, cuyas cabezas han sido convertidas en radios. El público puede interactuar con estos dispositivos para que retransmitan la programación de alguna radio libre local, en una intervención que alude a la libertad de expresión y la manipulación de las ideologías.



 

De vuelta a Lugano se puede participar en Biomer Skelters, una obra pública de Tamiko Thiel y Will Pappenheimer, que conecta los ritmos del cuerpo a los ecosistemas potenciales a través de un sencillo sistema de biosensores portátil, que emplea el ritmo cardíaco del espectador para plasmar un paisaje urbano lleno de exuberantes plantas virtuales.



 

Entre las numerosas propuestas de Basilea destaca el colorido y entretenido My Mirror City de Pappenheimer, que transforma las paredes de los edificios recubriéndolos con los selfies almacenados en el móvil del espectador. Las propuestas de Virtuale Switzerland son tantas que es imposible enumerarlas todas, por lo que aconsejamos visitar la página del evento o mejor aún experimentar con ellas en Suiza, una oportunidad única para acercarse a una iniciativa interdisciplinaria que mezcla memoria y culturas locales con realidad aumentada, juegos urbanos y aplicaciones de última generación.



 

Todo esto es casi un juego pero ¿y si lo mismo se pudiera aplicar a distintos contextos en las calles de todo el mundo? Nuestra premisa al comienzo de este artículo abogaba por un futuro no tan lejano, en el cual a la realidad cotidiana se pudieran acoplar unos layers o capas virtuales de modo que cada usuario pudiera elegir por qué contenidos ser bombardeado.

Evidentemente nos gustaría ver las ciudades como son en realidad. Quizás con más espacios verdes y árboles en lugar de tantos soportes publicitarios. El empleo de la realidad aumentada permitiría a los usuarios poder elegir si quieren ver anuncios, obras de arte o sólo datos prácticos y dinámicos sobre el callejero urbano, los destinos turísticos como museos y espacios de interés cultural y un alud de informaciones adicionales que a bien mirarlo no tendrían porqué estar todas presentes al mismo tiempo.

 

 

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Sobre el autor

Roberta es periodista especializada en arte contemporáneo y nuevos medios y Stefano en cultura digital. Son autores de El Arte en la Edad del Silicio, un espacio permanente dedicado al new media art en El País.

 

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