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La morada del Agua

14/12/2016 - Firmas - Irene Lapuente

¿Cuál es la morada del agua en la Tierra? Los ríos, los océanos, el cielo y los campos… El agua todo lo habita, pero la humanidad también se ha encargado de construirle moradas para que abastezca a la población en épocas y zonas de sequía.

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¿Sabíais que la Tierra contiene 525 millones de Km3 de agua? La cantidad de agua que contiene nuestro planeta no ha variado en los últimos dos millones de años. De todos modos, aunque se mantenga la cantidad, el agua no deja de fluir y cambia de un estado a otro. Ese es el gran secreto de nuestro planeta y la vida.

Durante un periodo de cien años, una molécula de agua puede pasar unos noventa y ocho años en el océano, veinte meses en forma de hielo, dos semanas en lagos y ríos y apenas una semana en la atmósfera. Aunque cada día el Sol evapore más de un billón de toneladas de agua, esta suele volver a la tierra en forma de precipitaciones con bastante urgencia, precipitadamente. Es ése agua de lluvia, o nieve, la que durante años hemos intentado acoger en espacios singulares como las cisternas o los aljibes.

Visitando Santa María de Marvao en Portugal, descubrí una preciosa cisterna en un sorprendentemente bien conservado y bello castillo medieval. Una cisterna es un depósito subterráneo que se utiliza, o se utilizaba, para recoger y guardar el agua de lluvia, o procedente de un río o de un manantial cercano. Suelen ser lugares mágicos, con una increíble acústica, listos para escuchar una buena bulería, algunos grados de temperatura menos que en el exterior y una misteriosa humedad que se cala por los huesos.



Cisterna del Castillo de Marvao (Portugal)

La palabra aljibe proviene del árabe y también designa a esas cisternas o pozos, que cubiertos por una bóveda de cañón o cúpula de casquete, se utilizaban para almacenar agua potable para el consumo de una población. Mediante canalizaciones se recoge el agua que se precipita de vuelta a la tierra, ese agua que tiene prisa por volver a ser líquida. Normalmente estos espacios concebidos por las civilizaciones, y en los que el agua descansa de sus viajes y cambios de estado, suelen ser subterráneos.

Los aljibes han contribuido a la vida, y en especial a la humana, durante grandes épocas de sequía. Si viajamos al emblemático barrio del Albaicín, en Granada, disfrutaremos, no sólo de espectaculares construcciones árabes, sino de ver que los aljibes fueron el único modo de abastecer de agua a ese barrio.


Aljibe del Rey (Granada). Experiencia 360

Lo mismo sucedió durante mucho tiempo en la isla de Capri, en Italia.El Imperio Romano sobrevivió en territorios semiáridos como la Península Ibérica, o la propia Roma, gracias a la construcción de estos grandes depósitos. Los aljibes solían estar construidos con ladrillos unidos con argamasa, un tipo de masa de mortero compuesto por una mezcla de cal. Normalmente las paredes internas estaban recubiertas de arena, óxido de calcio y de hierro, arcilla roja y resina de lentisco, para impedir filtraciones y la putrefacción del compuesto. Mantener el agua potable es una tarea ardua y delicada. Recordemos que en nuestro plantea, sólo el 0,007% del agua es dulce. Y esa cantidad se ve reducida año tras año debido a la contaminación. Además, hay que tener en cuenta que el aljibe o cisterna ha de ser limpiado y desinfectado con amonio o lejía, un mínimo de dos veces al año.

Los aljibes modernos, que aún están en uso, suelen estar construidos con hormigón y azulejos. De hecho, en las Islas Canarias, los aljibes acostumbran a ser parte indispensable de la construcción de una vivienda, y la ley defiende que el agua recogida en estos espacios pertenece al propietario del aljibe, aunque esta provenga de los tejados de los hogares vecinos. Sin ir más lejos, yo que pasé mi infancia en Reus, aún recuerdo que nuestro edificio, sin contar con un aljibe propiamente dicho, sí que tenía un depósito de agua en el sótano para permitir que nos ducháramos pasadas las cinco de la tarde, hora en que muchos días cortaban el agua en mi ciudad.

Las moradas del agua son muchas: ríos, pantanos, lagos, mares, el cielo… y los campos. Los humanos necesitamos el agua tanto como la sangre que fluye por nuestras venas. Por eso, desde antaño, hemos construido hogares para ese preciado bien.

 

Sobre el autor

Co-Fundadora y directora de La Mandarina de Newton. Tiene experiencia en educación, museos y comunicación científico-tecnológica. Es graduada en Física y en danza clásica.

 

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