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El finning no es trendy

05/03/2015 - Blog - Eva van den Berg
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El pasado 25 de febrero la bióloga marina Eugenie Clark falleció a los 92 años de edad tras una prolífica existencia dedicada al estudio de los tiburones y a la conservación de la vida marina.


La efeméride es una excusa buenísima para dedicar un post a estos animales tan históricamente vilipendiados, por los que Clark, apodada «la chica tiburón», sentía verdadera fascinación y sobre los que descubrió, entre otras cosas, que no es cierto que deban mantenerse en movimiento mientras duermen. Clark mostró a menudo su preocupación por el estado de conservación de estos animales, y es que de las 1.014 especies evaluadas a nivel global, un 25% se halla en peligro de extinción, algunas de ellas en estado crítico. «Las causas principales son la sobrepesca y la otra el finning, que es la cercenación de las aletas de los tiburones, muy valoradas en la cocina asiática, y el descarte del resto del cuerpo al mar», explica Àlex Bartolí, miembro de la organización Submon, dedicada a la conservación, estudio y divulgación del medio marino.

Se calcula que cada año se matan unos 100 millones de esos animales, muchos de ellos por parte de flotas europeas y más concretamente españolas: el puerto de Vigo es el mayor centro de distribución de tiburón en Europa para los mercados locales y asiáticos. De todos los tiburones que se suprimen del medio, entre 26 y 73 millones son para producir una sopa que, hasta hace poco, era considerada de lo más cool entre la cada vez más numerosa élite china: la sopa de aleta de tiburón, una aleta que ha sido arrancada de cuajo a su propietario, condenando al escualo a una muerte lenta y dolorosa. Sin embargo, hay buenas noticias: en ocasiones, ciertas campañas de concienciación dan resultados espectaculares.

Ésta empezó en 2006, cuando la organización WildAid fichó al jugador de baloncesto Yao Ming, que jugó para los Rockets de Houston, para protagonizar un anuncio donde se ve a unos comensales rechazando la sopa de aleta cuando se dan cuenta de lo que entraña.



«Es un mito eso de que en Asia la gente no se preocupa por la vida silvestre –afirmó Peter Knights, director ejecutivo de WildAid. El consumo se basa, sobre todo, en la ignorancia ». La campaña impresionó tanto al empresario chino Jim Zhang, que se convirtió en un activista anti finning y hoy es el director en Asia de la organización Nature Conservancy. La lucha de Zhang consiguió desprestigiar la cruenta sopa e involucrar incluso al gobierno chino. En 2012 se prohibió la sopa de aleta en los banquetes oficiales y en septiembre, la orden se extendió a Hong Kong. Otros importantes personajes del mundo empresarial se han sumado a la campaña. Cuatro de ellos, entre los que se halla Zhang, fueron condecorados en Nueva York el año pasado y nombrados los «guardianes de los tiburones» a nivel global.

El resultado es que en los últimos dos años el consumo de sopa de aleta de tiburón se ha reducido en China un 25% según los últimos datos publicados , menos de lo que se había valorado en 2013, pero un porcentaje importante, al fin y al cabo. El éxito y la esperanza residen en la constatación de que comer sopa de tiburón ya no solo no es prestigioso, sino que empieza a estar mal visto. Ese hecho será clave para erradicar esta práctica salvaje, aunque la emisión por parte de la televisión china evidenciando que ciertos restaurantes servían falsa sopa de aleta de tiburón y que, además, muchas muestras de sopa contenían niveles peligrosos de cadmio y de mercurio también han sido de mucha ayuda. Lástima que no hayan descubierto que comer aleta encoge los atributos masculinos hasta el tamaño de un dedal, porque entonces el éxito hubiera sido supersónico. De momento, sin embargo, lo de quedar mal entre la jet set parece que funciona. Y de la ecología, pues ya hablaremos otro día.

¿Sabías que, a pesar de fama de «asesinos de hombres», los tiburones matan solo a entre 5 y 10 personas al año? Mucho menos que por ejemplo, las vacas, cuyo promedio está alrededor de las 22...

 

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Sobre el autor

Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.

 

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