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El agua en el tablero de juego

13/06/2014 - Blog - Eva van den Berg

A pesar de que el agua cubre el 75% de nuestro planeta, sólo el 3% de esa gran cantidad es agua dulce y, de este porcentaje, únicamente un 1% se encuentra en estado líquido.

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Según datos de la FAO, el 70% del agua dulce disponible, garante esencial, entre otras cosas, de la producción mundial de alimentos, se destina a usos agrícolas, un tanto por ciento que se eleva hasta el 87% en el África subsahariana. Pero en los últimos 50 años las extracciones de agua se han triplicado. Crece la población y, con ella, la demanda insaciable de agua. Para beber, cultivar o lavarse pero también para llevar a cabo la mayor parte de procesos industriales, que requieren de agua para funcionar, al igual que la generación de energía, que no es posible sin ella. Por todo ello, su abastecimiento es causa de graves conflictos entre los pueblos donde más escasea. Porque, aunque todo el mundo sabe que sin agua no se puede vivir, todavía hoy, en un mundo que sobrepasa ya los siete mil millones de habitantes, 760 millones de personas no tienen acceso a ella, mientras que otros tantos lo hacen de manera insuficiente y con un nivel de saneamiento inadecuado.

Lamentablemente, los efectos del cambio climático han empeorado el escenario. El suministro natural de H2O ya no obedece a los modelos climáticos precedentes. Ahora éstos son mucho más impredecibles y se han acentuado los extremos: más sequías y más inundaciones. Las consecuencias, sin embargo, repercuten de forma radicalmente distinta en uno u otro lugar del planeta. De nuevo el sur se lleva la peor parte.

Y es que las previsiones de los científicos señalan efectos opuestos en ambos hemisferios. Mientras que el aumento generalizado de las temperaturas beneficiará la agricultura de los países septentrionales, donde la tasa de población (menos en Estados Unidos y en algunos países del norte de Europa, donde se prevé aún un crecimiento mínimo en los próximos decenios) está en franco descenso, en los territorios de las áreas tropicales, semiáridas y áridas afrontan ya una mayor escasez de agua, más olas de calor y más sequías prolongadas. Justo allí donde la población no para de aumentar las cosas se ponen aún más difíciles.

Si esto fuera una partida de Risk o del Stratego, el final estaría cantado. Pero una de las gracias de ser humano y no, por ejemplo, un virus letal, es que podemos plantear una estrategia nueva en la que el premio no sea arrasar al contrario sino el bien común. No hay duda de que sabemos cómo hacerlo ni tampoco la hay respecto a que es la opción que más nos conviene. Porque el bien común no es una posición filosófica “buenista”. Es, como el acceso al agua, el mejor aval de futuro para nuestra especie.

 

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Sobre el autor

Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.

 

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