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Agua interestelar

02/12/2014 - Blog - Eva van den Berg
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Más o menos la cosa fue así: entre 4.600 y 5.000 millones de años atrás, una nube constituida por hidrógeno y polvo estelar se condensó tras un colapso gravitatorio, lo que provocó un aumento brutal de la temperatura.




La nebulosa  entró en ignición y en sus entrañas se puso en marcha un gigantesco reactor nuclear. Tras un proceso de expansión, nacía una nueva estrella, el Sol, y con el material sobrante a su alrededor se formó un disco constituido por gas, polvo estelar, material rocoso y hielo. Fue la materia prima a partir de la cual se generaron todos los planetas del Sistema Solar.

Entre ellos, por supuesto, la Tierra, nuestro hogar, al que mejor le hubiera encajado llamarse planeta azul. El líquido elemento, esencial para sustentar todas las formas de vida conocidas, cubre tres cuartas partes de la superficie terrestre. Pero la pregunta de hoy es: ¿De dónde viene tantísima agua? ¿Procede el agua de la Tierra de la que se generó en esa nebulosa durante su proceso de formación o de un H2O que ya existía previamente en el espacio?

Un equipo de científicos del Instituto Carnegie, ubicado en Washington D.C, Estados Unidos, ha llegado a la conclusión de que el agua ya estaba “allí”, en el outback cósmico, en los tiempos en que a aquella nube primigenia le dio por colapsar. Tras realizar complejas simulaciones de aquel disco protoplanetario y primigenio, los investigadores han evidenciado que uno de los isótopos estables del hidrógeno, parte esencial del agua, no encaja con la composición química de aquella nube solar. Se trata de un tipo de deuterio común en la Tierra y compatible con que se ha detectado más allá de los dominios del astro rey. De ello se concluye que, al menos parte del agua presente en hoy en la Tierra, ya existía antes de que nuestro Sistema Solar comenzase su formación hace casi cinco mil millones de años.

Quizá os preguntaréis si eso tiene algún interés relevante. Pues sí, ¡lo tiene! Por una parte, otorga al agua terrícola -o al menos a una parte significativa de ella-, la categoría de Gran Reserva Interestelar. Saber que nos podemos estar bebiendo un traguito de un líquido que cuenta con 5.000 millones de años de antigüedad no deja de ser poesía científica en estado puro. Pero es que además, ese dato aumenta las esperanzas de encontrar vida en otros planetas, un tema de lo más motivador para muchísimos humanos.

“Si en los inicios del Sistema Solar el agua provenía principalmente del hielo del espacio interestelar, es probable que una cubierta de hielo similar –junto con la materia orgánica prebiótica que contiene–, abunde en todos o casi todos los discos protoplanetarios ubicados alrededor de las estrellas en formación", explica Conel Alexander, coautor del estudio. Aunque en el Sistema Solar se ha comprobado la existencia de trazas de agua en numerosos planetas y satélites, la vida sólo se desarrolló en la Tierra por una casuística impresionante: un tamaño apropiado y estar a la distancia oportuna del Sol, ni demasiado cerca, como Venus, donde el agua se evaporó, ni demasiado lejos, como Marte, donde se congeló. Estábamos, como se suele decir, en el lugar justo en el momento adecuado.

Vale. Entonces puede que otros planetas, en el infinito y más allá, estén situados también en el punto justo en relación con su Sol particular y que tengan el acopio de agua suficiente. ¿Por qué no? Parece de lo más lógico, teniendo en cuenta el sinnúmero de planetas que se halla en el Universo. Puede que en ellos haya arraigado una vida expresada en una multitud de especies, algunas de ellas incluso “inteligentes”, un adjetivo realmente difuso.

En el Instituto SETI (Searching for Extra Terrestial Inteligence) deben estar dando palmas por este hipotético aumento de posibilidades, como también tantas y tantas personas que sueñan con un gran meeting point interplanetario. Desde luego resulta sugerente y podría llegar a ser de lo más trascendental. Pero… ¿estamos realmente preparados para ello? Ya dijo Stephen Hawkins hace cuatro años que había que tener el máximo cuidadín a la hora de codearse con los extraterrestres. «Sólo debemos mirarnos a nosotros mismos para ver cómo la vida inteligente puede convertirse en algo que no quisiéramos conocer», afirmó. Más recientemente, el neuropsicólogo de la Universidad de Cádiz, Gabriel G. de la Torre, vinculado a proyectos espaciales como el Mars 500, realizó un estudio financiado por la ESA para evaluar si estamos capacitados para contactar con una sociedad alienígena.



La conclusión fue clara: no. No tenemos el nivel cultural adecuado y estamos demasiado influenciados por la religión… ¿qué opinarían los inteligentes alienígenas, por ejemplo, del creacionismo y de nuestro antropocentrismo feroz?

En fin. La realidad es que mientras la existencia de ese fluido interestelar estimula la capacidad cognitiva de destacados miembros de nuestra especie, casi 900 millones de terráqueos menos afortunados siguen hoy sin tener acceso a un agua que, lejos de ser poética, no es ni siquiera potable, y cerca de 2.500 millones no disponen de infraestructuras sanitarias adecuadas. Somos seres paradójicos. Quizá la razón resida en aquello que dijo el filósofo alemán Henri-Frédéric Amiel hace un par de siglos. «La inteligencia es útil para todo y suficiente para nada», queridos Homo sapiens.

 

1 Ilustración del agua en el Sistema Solar a través del tiempo, desde antes del nacimiento del Sol y la creación de los planetas./ Bill Saxton, NSF/AUI/NRAO.

2 Ilustración del estudio que sugiere que la especie humana todavía no está preparada para contactar con una supuesta civilización alienígena. / José Antonio Peñas/Sinc

 

 

 

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Sobre el autor

Redactora y editora de secciones para la edición española del National Geographic. Guionista y documentalista.

 

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